martes, 16 de agosto de 2016

Las imperfecciones de Preacher



CUIDADO, SPOILERS DE LA PRIMERA TEMPORADA 

Tuve serias dudas con Preacher, durante la primera temporada hubo varios momentos en los que a punto estuve de abandonarla pero siempre había una escena, un momento, una frase, una sensación que me obligaba a continuar.

La adaptación televisiva del cómic de Garth Ennis y Steve Dillon se centra en Jesse Custer (Dominic Cooper), un predicador sin fe que busca su camino en un mundo que no anda sobrado de esperanza. La llegada a Annville de su ex-novia, Tulip (Ruth Negga nunca ha sido más magnética) y de Cassidy (Joe Gilgun), un vampiro irlandés amante de la bebida y las drogas, imposibilita su conversión en un hombre de fe, en un pilar de la comunidad. Jesse quiere reformarse pero el destino se empeña en desviarlo de ese camino. Cuando la entidad Génesis, un ser todopoderoso nacido de la unión entre un ángel y un demonio, le proporciona el poder de que su voz sea obedecida -como si de Killgrave se tratase- su proceso de redención da un vuelco. 

La serie nos presenta un mundo donde ángeles y vampiros campan a sus anchas entre humanos, un mundo sin fe ni misericordia y que, sin saberlo, ha perdido a su Dios. Como buena serie de AMC el nivel de producción de Preacher es de calidad, hay violencia explícita, humor negro, sexo y mierda, mucha mierda. 

Los diez capítulos que componen la primera entrega de esta atrevida propuesta han ofrecido un puñado de momentos emocionantes, disparatados y frenéticos pero también se ha notado cierta deriva argumental y desconexión entre los personajes que debían apuntalar la narrativa y continuidad de Preacher. La entrega, sin ser perfecta, tampoco puede tacharse de desastre; sin dudarlo, compro ese negrísimo sentido del humor, esa acción trepidante y a esos actores totalmente entregados a unos personajes excesivos, socarrones y salvajes. Cassidy, Jesse y Tulip transpiran carisma; el vampiro irlandés destaca sobre sus compañeros de reparto pero es que su personaje es mucho más agradecido que el de esos dos amigos de infancia, seres ultraviolentos que no desentonarían en Amor a Quemarropa

Ahora que sabemos que la temporada no era más que un largo prólogo para el viaje de los tres protagonistas en busca de Dios, podemos ser más permisivos con esa inconsistencia narrativa que tanto daño hizo a algunos episodios. Esperemos que la nueva entrega corrija esos errores de base. 

Borrón y cuenta nueva

Creo que la decisión de borrar Annville del mapa puede resultar contraproducente para la serie y cabrear a los seguidores de la historia. Annville es la ciudad donde los tres personajes principales confluyen, un espacio donde enmarcarlos para que el público pueda llegar a conocerlos. La destrucción del lugar y la muerte de todos sus habitantes es un golpe bajo para el espectador que durante diez capítulos se ha dejado seducir por sus gentes y por la opresión malsana de una ciudad plagada de miseria humana y mierda de vaca. 

Preacher decide hacer borrón y cuenta nueva en su season finale y ese nuevo punto de partida es emocionante pero también me cabrea un montón. Entiendo que los creadores quisiesen crear una base sólida para sus personajes, Annville era el escenario perfecto para indagar en sus motivaciones e impulsos, para explicar el por qué de su alianza y de su misión pero, aunque destruir el espacio donde eso sucede y reducirlo a cenizas es un movimiento audaz, me parece una apuesta desesperada, una manera de soltar lastre y de salir de un espacio físico donde los guionistas no se sentían demasiado cómodos.

lunes, 15 de agosto de 2016

La vida en el Sacred Heart

CUIDADO, SPOILERS A DESTAJO

El verano es una estación propicia para el revisionado de series. Unos meses en los que mi yo seriéfilo se pone al día (The 100), rescata clásicos (The Larry Sanders Show, John Adams) o revisita propuestas que, dependiendo de cómo las haya tratato el tiempo, mejoran o se vuelven insoportables. Scrubs es de las que mejoran. En su momento no le presté la atención suficiente a esta comedia médica de la NBC pero durante las últimas semanas he corregido ese error.

Scrubs es una comedia que se emitió en la NBC durante siete temporadas y que tuvo dos temporadas más en la ABC, sumando un total de 182 capítulos. La historia está narrada desde la perspectiva de John Dorian, J.D. (Zach Braff), un joven residente de medicina que empieza a trabajar en el hospital Sacred Heart. Aunque la serie se vertebra entorno a J.D. y a su viaje profesional y vital, el resto del reparto tiene un enorme peso en el desarrollo de tramas y, en muchas ocasiones, sus historias son más importantes que las del protagonista.

Estamos ante una propuesta que mezcla, de manera brillante, comedia y drama, esta fórmula la aleja del resto de series médicas (House , ER o Anatomía de Grey) con las que coincidió durante su época de emisión (2001-2010). Si vemos más allá de los gags, fantasías y recursos cómicos, comprobamos que la creación de Bill Lawrence transmite la dinámica de un hospital con precisión notable. Puede que no lo parezca a primera vista pero el tono general de la serie se mueve entre el realismo y la tragedia, como la vida misma.

Mi revisionado me permitió descubrir muchos aspectos de la serie que no supe apreciar en su momento como su esmerada selección musical, su cantidad de estrellas invitadas, la acertada evolución de J.D., los complejos dilemas morales que afrontan los personajes, el delicado tratamiento de la depresión post-parto o de la diversidad sexual (ese Todd)... Ha sido un agradable reencuentro. A Scrubs nunca se le ha dado todo el crédito que se merece. En su mejor momento era tan divertida como las comedias que se llevaban los premios y la audiencia, y tan conmovedora como cualquier drama, médico o no. La serie de Lawrence tuvo la mala suerte de estrenarse cuando la NBC empezaba a estar de capa caída, la network de las grandes comedias perdía su fuerza y eso, por extensión, afectó a Scrubs

En conjunto, fue una serie sólida y consistente, en constante evolución -como sus personajes- y que supo, como pocas, aprovechar un buen reparto coral y pivotar, sin sentimentalismos ni excesos, entre la comedia y el drama.

Aquí os dejo un compendio de los mejores capítulos de Scrubs.


My Half-Acre (5x09)

La relación de J.D. con Julie (Mandy Moore) fue uno de los muchos aciertos de la serie. Julie era una versión torpe y femenina de J.D., ambos tenían muchos puntos e intereses comunes, y formaban una pareja con gran potencial cómico. Este capítulo proporciona a Donald Faison, que interpreta a Turk, la oportunidad de mostrar sus habilidades como bailarín gracias a la trama de la air band que monta el conserje. Las escenas con la música de Bel Biv Devoe y Boston son buenísimas y respaldan lo que todos los fans de la serie saben, que Scrubs es una serie divertida y más cuando se permite explorar la rareza y excentricidades de sus personajes.


My Cake (4x06)

Dan (Tom Cavanagh), el hermano mayor de J.D. vuelve a la ciudad con una mala noticia, la muerte de su padre. J.D deberá bregar con su dolor, con un hermano que se pasa los días sentado en la bañera bebiendo cerveza y con la soledad que le produce la muerte de un padre con el que nunca tuvo una gran relación. El doctor Cox, imprescindible John C. McGinley, no sabe cómo ayudarle con su depresión. Finalmente, pasa la noche junto a J.D y Dan bebiendo cervezas, viendo la tele y hablando de sus padres. Una escena emotiva que demuestra, por mucho que lo niegue, que a Perry le importa su protegido.

Por su parte, Turk descubre que tiene diabetes tipo dos y que tiene que cambiar ciertas costumbres para sobrellevar su enfermedad. Al principio se resiste pero la doctora Molly (Heather Graham) le hace entender que no puede seguir haciendo el tonto.

El padre de J.D., Sam Dorian fue interpretado por el actor John Ritter y estaba previsto que el actor retomase el papel en algún capítulo tras su intervención en My Old Man (2002). Sin embargo, Ritter falleció en 2003 durante el rodaje de la segunda temporada de 8 Simple Rules for Dating My Teenage Daughter.


My Old Lady (1x04)

Este capítulo encapsula perfectamente lo que es Scrubs, una comedia con tintes dramáticos que sabe manejar la carga emocional de la muerte, la pérdida, la depresión y el miedo con inteligencia. Uno de cada tres pacientes que ingresa en el hospital muere, la estadística es pura y dura. J.D, Turk y Elliot tratan a sus respectivos pacientes, por desgracia, ninguno de ellos sobrevive. J.D. se encarga de la señora Tanner, interpretada por esa fuerza de la naturaleza que era Kathryn Joosten la Dolores Landingham de The West Wing o la Karen McCluskey de Desperate Housewives. La señora Tanner tiene insuficiencia renal y necesita diálisis pero decide que ha tenido una buena vida y que quiere morir. Dorian aprende una dura lección sobre la muerte y la comprensión, el miedo le invade y pasa el tiempo con esa increíble mujer hasta que fallece.

El uso de la versión de John Cale de Hallelujah para enmarcar el momento final es muy acertado. El drama inunda el Sacred Heart porque ninguno de los tres pacientes sobrevive. J.D., Turk y Elliot tienen que comunicar a sus familiares la muerte de sus seres queridos. Momento kleenex. El espectador es cómplice de este viaje hacia lo inevitable y debe aceptar, como lo hace J.D., que no todas las historias tienen un final feliz, que no todo el mundo se salva y que la muerte no entiende de justicia o sentimientos. Simplemente se presenta cuando menos te la esperas.


My Screw Up (3x14)

Brendan Fraser fue una de las estrellas invitadas de la serie. Su primera aparición corresponde a la primera temporada y en la tercera regresa para dar pie a una de las historias más tristes y mejor tejidas de Scrubs. Mientras Elliot y Turk aprenden a vivir, o no, con su físico; Ben, el personaje de Fraser, aparece para asistir al cumpleaños de su sobrino Jack, el hijo del doctor Cox. Ben tiene leucemia y, aunque en remisión, ha obviado hacer los controles médicos apropiados. El doctor Cox le pide a J.D. que se haga cargo de su mejor amigo aunque el joven interno le dice que está hasta arriba de trabajo.

Filmado con habilidad, podemos considerar este capítulo como un homenaje a El Sexto Sentido. Cuando revisitas el capítulo te das cuenta de todas las señales que los guionistas Neil Goldman y Garrett Donovan fueron dejando a lo largo del mismo. Para los fans, My Screw Up es uno de los mejores capítulos de la serie no sólo por lo sorprendente que fue en su momento, sino también porque John C. McGinley está magnífico. No será la primera vez que Cox se culpe a sí mismo por la muerte de un paciente, en este caso también de un amigo, y pasará por un bache emocional muy duro que hará mella en el curtido médico.

My Screw Up fue el único capítulo nominado al Emmy en la categoría de guión comedia, no ganó pero estar ahí ya es un triunfo. Ese año competían por el premio Arrested Development, Sex in the City y Frasier. El premio se lo llevó en Mitchell Hurwitz por el piloto de Arrested Development.

Al final del capítulo suena Winter de Joshua Radin.


My Musical (6x06)

Una paciente llega al Sacred Heart con una extraña afección: ve la vida como un musical, la gente canta a su alrededor, hay bailes coreografiados, duetos, solos y emoción. 

Bill Lawrence siempre había soñado con hacer un capítulo musical y la jugada le salió redonda, no está al nivel del Once More With Feelin (The Buffy Vampire Slayer), el capítulo musical que sirve de medida para todos los demás, pero Scrubs demostró que podía hacer cantar y bailar a sus personajes y componer una historia médica con tintes dramáticos sin renunciar al humor característico de la serie en veinte minutos. Las canciones son divertidas, cuidada producción y excelentes números de baile. Destacar que tanto Judy Reyes como Donald Faison se marcan un número, el For the Last Time, I'm Dominican, en el que sorprenden por sus buenas dotes como cantantes y bailarines. 

Mi canción favorita es el Guy Love. Por supuesto. 


My Way Home (5x07)

El capítulo 100 de la serie es un canto de amor a El Mago de Oz. El capítulo comienza con J.D en la bañera escuchando una canción de Toto. La verdad es que en el episodio hay multitud de referencias a Oz desde las zapatillas rojas hasta el camino de baldosas amarillas pasando por el nombre de Dorothy o las menciones a Kansas. La trama entreteje las historias de Elliot, Turk y Carla. La primera necesita confiar más en sus conocimientos médicos, el segundo necesita un donante de corazón y la tercera necesita corage para afrontar la maternidad. Por su parte, J.D no deja de repetir que quiere irse a casa pues es su día libre y tiene que pasarlo en el hospital. 

Añadamos a este mágico conjunto, una versión del Over The Rainbow cantada por Ted y su banda, The Worthless Peons, desde la azotea del Sacred Heart. Precioso. 


My Life in Four Cameras (4x17)

Un guionista del programa favorito de J.D ingresa en el Sacred Heart. El capítulo es una larga ensoñación de J.D. en la que transforma el Sacred Heart en una serie de televisión, todo se ve bastante artificial e increíble, hasta se añaden risas enlatadas. 

J.D quiere negar la realidad, lo necesita, y por eso su día se convierte en una sitcom donde todo el mundo sobrevive y las mujeres llevan escotes excesivos. La vida no es como una serie de televisión y menos en un hospital, los personajes tendrán que lidiar con situaciones que les enfrentan a decisiones muy duras. No todo es agradable y sencillo; la gente pierde su trabajo, los pacientes mueren, las relaciones personales no se solucionan con una palmadita en la espalda. La idea de transformar la serie en una sitcom al uso es bastante original y entronca perfectamente con las fantasías que suele tener J.D. 

Clay Aiken aparece en el capítulo y se marca una versión del Isn't She Lovely de Stevie Wonder que irradia optimismo y alegría, algo que choca con la situación que J.D. se esfuerza en ocultar con su sueño a cuatro cámaras. 


My Happy Place (8x04)
Tomó tiempo que J.D. y Elliot volviesen a estar juntos y cuando lo hacen ambos cargan con un bagaje personal y emocional mucho más complejo y amplio que cuando lo intentaron por primera vez. Cerca del final de la serie, llega el momento de la reconciliación y la aceptación.

La conversación que mantienen en la cafetaría sobre su pasado, su presente y la posibilidad de un futuro juntos es madura y sincera. Los dos han llegado a un punto en el que se entienden a sí mismos y están preparados, por fin, para tener una relación. Cuando lo intentaron por primera vez, J.D y Elliot eran impulsivos, inmaduros y estaban llenos de miedos y dudas. Con el tiempo su relación, una montaña rusa de encuentros y desencuentros impulsada por un profundo afecto, se volvió más orgánica, íntima y cercana. Una relación con fuertes cimientos que durará para siempre. 

Scrubs trata del proceso de crecimiento, personal y emocional, de esos personajes y esa escena, en la que ambos ponen las cartas sobre la mesa y son totalmente abiertos y honestos, es un claro ejemplo del cambio operado tanto en J.D. como en Elliot. 


My finale (8x18/19)
Endings are never easy. I always build them up so much in my head, they can't possibly live up to my expectations, and I just end up disappointed. I'm not even sure why it matters to me so much ow things end here. I guess it's because that we all want to believe that what we do is very important: that people hang on to our every word, that people care what we think. The truth is, you should consider yourself lucky if you even occasionally get to make someone, anyone, feel a little better. After that, it's all about the people you let into your life. -J.D.
Cierto que existe una novena temporada, pero considero que este es el final que la serie y los seguidores merecíamos. J.D. deja el Sacred Heart para poder estar más cerca de su hijo y esta decisión supone un cambio enorme en su vida y en sus relaciones personales ya que todos los demás (Cox, Turk, Elliot y Carla) se quedan atrás. El doble episodio es un compendio equilibrado de recuerdos y anhelos, de alegrías y tristezas. La despedida, escrita y dirigida por Bill Lawrence, hace patente el cambio de los personajes a lo largo del tiempo. De eso se trata, de evolucionar, de crecer, de mejorar como personas y profesionales y Scrubs hizo que ese viaje, a través de los ojos de J.D., fuese emocionante, divertido y original. 

Hay momentos preciosos como la despedida entre J.D y Carla, la conversación con el conserje, la confesión de Cox y el camino hacia la puerta de salida de J.D. acompañado de todas esas estrellas invitadas y personajes secundarios que enriquecieron Scrubs a lo largo de los años. A continuación, llega el montaje final, J.D. ve un posible futuro hecho de películas caseras, suena The Book of Love de Peter Gabriel. Es imposible no llorar con esta escena que aúna tristeza y felicidad. Tristeza por dejar atrás el Sacred Heart y ver marchar a J.D., y felicidad por ese maravilloso futuro que le espera. 


My Lunch (5x20) - My Fallen Idol (5x21)

Esta historia en dos partes es, quizás, la mejor de toda la serie. En el primer capítulo, J.D. se culpa por la muerta de una paciente que no le caía muy bien. El doctor Cox le ayuda a superar el bache y le hace ver que la muerte de esa mujer significa la vida para otros tres pacientes a los que les van a transplantar sus órganos. Sin embargo, la muerta tenía una enfermedad no diagnosticada y los tres pacientes de Cox acaban muriendo, algo que le afecta profundamente. 

La escena final, con The Fray de fondo, es intensa y magnífica. Cox trata de reanimar al último paciente que queda con vida. No tiene éxito. Ignorando el mismo consejo que al principio del capítulo le d  J.D, Cox sufre por los tres pacientes muertos y se culpa. 


El segundo capítulo se centra en un Cox devastado por la culpa y alejado del hospital. Todos los personajes intentan levantar su ánimo y alejarle de la autocompasión, todos menos J.D. que se siente traicionado por los actos de Cox. Al final, recapacita y va a visitarle para decirle cuanto le admira como médico. La escena, con John C. McGinley destrozado, bebiendo whisky mientras J.D. se sincera, brindando su amistad y apoyo a su mentor, es potente y está bien construida. 

Desde el primer episodio, la serie exporó la compleja relación mentor-aprendiz entre Cox y J.D. El primero podía parecer muy duro e inflexible con el novato pero cuando dejaba su armadura de superioridad y mal genio en la taquilla, se mostraba como un mentor preocupado y capaz que se esforzaba en endurecer a J.D. para la realidad de la medicina. La relación entre ellos nunca fue perfecta pero, en capítulos como My Fallen Idol, entendemos perfectamente la problemática a la que se enfrenta J.D. y lo mucho que alguien como Cox necesita hundirse para volver, con el tiempo, a navegar. 


Menciones especiales para My Porcelain God, My Last Words, My First Day, My Long Goodbye, My princess y My ABC's.

domingo, 31 de julio de 2016

La retirada del detective sueco

SPOILERS SOBRE LA CUARTA Y ÚLTIMA TEMPORADA DE WALLANDER

Doce episodios. Cuatro temporadas repartidas en ocho años. La cuarta y última, finalizada el pasado cinco de junio, pone punto y final al viaje de Kurt Wallander como personaje. Ha sido una despedida larga, articulada en tres episodios que, como siempre, rondan los 90 minutos de duración y se basan en los libros del desaparecido Henning Mankell.

Wallander es una serie fascinante ya no sólo por su aproximación a un personaje tan complejo como Kurt sino por su visión de la sociedad sueca, no tan pulcra y civilizada como nos empeñamos en creer, y por su excelente producción. La obra de Mankell se caracteriza por poner el foco sobre cuestiones sociales y políticas como el racismo, el tráficos de personas, la inmigración, los abusos sexuales ... Realidades muy crudas que remueven la conciencia del protagonista y que hurgan en las heridas abiertas de una Suecia que lucha por encontrar un equilibrio en un mundo cada vez más enloquecido.

La producción sigue siendo uno de los puntos fuerte de la serie. Wallander logra transmitir con precisión el estado mental y anímico del personaje a través de un atinado diseño de interiores (la pequeña casa de Kurt en el campo) y un buen uso de los impresionantes paisajes de Ystad (Suecia). La naturaleza salvaje del país ha estado presente en toda la serie desde el primer minuto, aquel campo de flores amarillas en el que una joven se quema a lo bonzo hasta la escena final. Pocas series han sabido sacar tanto partido a su entorno natural para transmitir el estado anímico y vital de sus personajes. El mar, el cielo, los grandes prados y campos de Ystad ayudan a entender las obsesiones y alegrías del detective, son un canal amplificado para su tenacidad, su compasión, su compromiso con la justicia, su determinación, sus miedos... no se puede entender la serie fuera de ese contexto de cielos y mares grises.

Adiós, Kurt

The White Lioness, ambientado en Sudáfrica; A Lesson in Love con el regreso de un amor del pasado y, por último, The Troubled Mann, con un misterio de espías; son los tres últimos casos que Kurt debe resolver. Esta vez, los tres capítulos están unidos por un hilo conductor: la enfermedad del protagonista. Kurt comienza perder la memoria, a tener lagunas, a mostrarse paranoico y, finalmente, se enfrenta a uno de sus mayores temores, terminar como su padre perdido dentro de sí mismo. Kurt tiene Alzheimer y su final, ligado irremediablemente a esta enfermedad es, en mi opinión, demasiado injusto. Tras una vida buscando los vínculos entre actos y/o hechos aparentemente sin conexión y resolviendo complejos rompecabezas, el silencioso detective se enfrenta a un futuro repleto de puzzles sin resolución, de realidades fragmentadas, de hilos de los que no podrá tirar.

Kenneth Brannagh, impecable como siempre en la piel del obsesivo y silencioso Wallander, realiza una interpretación laboriosa y complicada. El británico logra transmitir toda la confusión y el miedo, toda la frustración y desolación de Kurt ante un futuro tan incierto, un futuro que sabe amargo y doloroso ya no sólo para él, sino también para los suyos.

Kurt: I can’t explain at all. It’s a different thing. Sometimes I can’t…can’t even imagine where I was supposed to be. You kind of, kind of hit a wall. Yeah, you try and go through it but you can’t, so you try to go over it, try to go around it some other way, but you get…you get so anxious. You get anxious, you get angry. You know I just try to…I just try to think back to things that I-I-I know have happened. I think they must have happened. It’s just…it’s just that the pictures aren’t there anymore. It’s like a lot of things I’m solving…
Linda: Why didn’t you tell me? I’m your daughter.
Kurt: Because you’re my daughter. Because you’ve got a daughter of your own. Because I’m the son of a father who had this…
Linda: Well, let me decide. (Sigh.) It’s gonna be hard, but it is as it is. We just have to find a way to…(sigh)…
Kurt: I don’t want you to have to look after me.
Linda: I want to. I choose to.

Kurt se perderá, dejará de ser él y, finamente, morirá. Sin embargo, el espectador se despide del personaje en un escenario aparentemente feliz, con un Kurt sosegado disfrutando de su familia. No veremos la degradación, la pérdida de memoria, la devastación de la demencia. Nos quedamos con una imagen hermosa, con una playa y un mar salvajes


“¿Estás bien papá?” le pregunta Linda. “Sí, estoy bien”, sonríe Kurt. 


miércoles, 1 de junio de 2016

El noir sureño de los ochenta

Texas. Finales de los 80. Dos perdedores, amigos desde la infancia, son despedidos de su trabajo como temporeros recolectando rosas. Birras, calor, polvo. Hap (James Purefoy) y Leonard (Michael K. Williams) malviven y maldicen su suerte hasta que la ex mujer de Hap, Trudy (Christina Hendricks) aparece para plantearles una búsqueda del tesoro en la que todo parecen ser ventajas. 

Hap & Leonard es una miniserie de seis capítulos que adapta para televisión la saga literaria de Joe R. Lansdale. La propuesta es un noir con tintes tragicómicos que por momentos recuerda a Justified o Longmire pero que no logra brillar con igual intensidad. Hap & Leonard funciona, casi siempre, con el piloto automático puesto, quedándose a medio gas a la hora de desarrollar la historia de estos dos amigos metidos a cazatesoros. 

Puede que simplemente aspire a entretener y divertir al personal. Tal vez, en el futuro, si la historia continúa, podamos ver la evolución, espero que a mejor, del producto. Por ahora, tenemos una ficción pequeña, bien resuelta, bien presentada y con un dúo protagonista entrañable. Una serie sin pretensiones que juega bien sus cartas y que no busca engañar al espectador ni hacerse la inteligente. ¿Podría ser mejor? Sí pero lo que da es suficiente para pasar un buen rato.

Los personajes, su mejor baza


El gran atractivo de la serie es la relación entre Hap y Leonard, dos personajes muy diferentes con un sólido vínculo que les mantiene unidos a pesar de todo. La mayor parte del tiempo lo pasan bebiendo cerveza y lanzándose insultos pero se conocen y confían el uno en el otro. A lo largo de los seis capítulos conoceremos el origen de esa amistad y llegaremos a entender lo importantes que son el uno para el otro. Es gracias a la química entre Purefoy y Williams que la serie funciona. Entre bromas políticamente incorrectas, insultos, silencios, miradas y mucha naturalidad, los guionistas construyen una relación tangible y creíble, un pilar sólido que sustenta toda la historia y que ayuda a conocer mejor a los personajes. El Hap de Purefoy es un hombre encantador pero agotado, desencantado con lo que la vida le ha ofrecido y que, hasta cierto punto, mantiene algo de inocencia juvenil en su interior. Williams, el inolvidable Omar de The Wire, es uno de los principales atractivos de la serie. La furia de su Leonard, un exmarine gay y negro en el Texas de la década de los ochenta, es vibrante y reconfortante. Su carisma consigue mantener a flote los tramos más flojos y también, gracias a su mal genio, avivar momentos cómicos que relajan la tensión de ciertas escenas. 

Trudy me produce tristeza porque su vida carece de sentido sin una lucha pero todas las luchas que emprendió, fracasaron. En algún punto del camino se perdió a sí misma y el principio de su fin lo marca la muerte de un inocente pajarillo. Hendricks hace un estupendo trabajo con este personaje, consigue transmitir la decepción de una mujer que sabe que se ha equivocado demasiadas veces. Por desgracia, esta vez, vuelve a cometer los mismos errores -más graves incluso que los anteriores- y, aunque al final logra redimirse, su destino, como el de todas las femme fatale, está sellado de antemano. 

A mayores, Hap & Leonard cuenta con una pareja de asesinos en serie memorable, Soldier (Jimmi Simpson) y Angel (), dos seres extremos, excéntricos y muy peligrosos. Este dúo proporciona grandes dosis de emoción y diversión, tanto es así que consiguen robar la función a los protagonistas de la historia. Sin estos amantes de la estética punk y la música disco, la serie no sería ni tan amena ni tan intensa. Gracias a ellos, el tramo final es pura adrenalina. Lo que daría por ver un spin off de las aventuras gores de Soldier y Angel a través de Estados Unidos. 



La generación del desencanto

La serie despliega su historia con la calma de un río sinuoso atravesando una llanura, no tiene prisa en llegar al final, lo que quiere es mostrarnos cómo se relacionan los personajes en ese escenario sureño plagado de nostalgia y malas decisiones. A pesar de esa lentitud encuentro muy interesantes algunos de los temas que tratan; su reflexión sobre la amistad, el paso del tiempo, los ideales perdidos, la lealtad, el amor. También me fascina la lucha que se establece entre dos formas de entender la vida, entre el idealismo trasnochado y mal orientado de Trudy y su banda; y el hedonismo salvaje y brutal que representan Soldier y Angel. 

Casi todos los personajes pertenecen a la generación del desencanto. Hombres y mujeres a los que el sueño americano se les escurrió entre los dedos. La realidad se impuso; el idealismo de los 60 murió lentamente dando paso al cinismo consumista de los 80. El espíritu de igualdad, amor y libertad perdió frente al dinero y el corporativismo empresarial. Miles de jóvenes perdieron la vida y la inocencia en Vietnam. De los que regresaron, muchos no lograron readaptarse. Hap, Trudy, Leonard y algunos secundarios son miembros de esa generación que perdió la esperanza a golpe de bombardeos de napalm por televisión y escándalos presidenciales. En cierta manera creen, o necesitan creer, que merecen ese “tesoro” que buscan, que ese dinero será la solución a sus problemas y la llave para que sus sueños se cumplan. Pero la realidad es muy perra y más cuando tiene un martillo a su disposición.

domingo, 29 de mayo de 2016

La mirada de Elliot

Mr. Robot ha tardado en llegar a España pero lo ha logrado. La subversiva ganadora del Globo de Oro a Mejor serie dramática de 2015 está, al fin, al alcance de muchos, en vez de al de unos pocos. He aprovechado su estreno en nuestro país para revisitar el piloto y reconozco que me ha impactado tanto como la primera vez, minutos de buena televisión que prometen un viaje único al espectador. El capítulo, una arriesgada y personalísima propuesta visual dirigida por el danés Niels Arden Oplev, dicta el tono estético que va a marcar todo el viaje de Elliot (espléndido Rami Malek) desde su apartamento hasta las oficinas de AllSafe pasando por la sala de juegos y las calles de Nueva York. El futuro ya está aquí, no es cosa del mañana, la estética de Mr. Robot muestra un mundo frío y distante que nos hace sentir inquietos, pequeños e insignificantes. 

El fin de los cielos azules

Usa Network era una cadena de series amables, frescas y ligeras; una cadena especializa en éxitos de verano con cielos azules y un puntito de intriga. Durante mucho tiempo Monk, Psych, Burn Notice, White Collar y Royal Pains, también Covert Affairs, fueron sus buques insignia pero esa época tenía fecha de caducidad. De aquella parrilla televisiva, sólo Royal Pains sigue en antena y este año, tras ocho temporadas, se despedirá de sus seguidores. En vista de lo inevitable, los jefes de Usa Network llegaron a la conclusión de que tenían que cambiar de imagen, tenían que dejar de ser esa cadena un tanto conformista y cómoda; había llegado el momento de apostar por ideas nuevas y arriesgadas; Mr. Robot es la muestra más clara de esa apuesta en pos de la reconversión. Pero con Mr. Robot no sólo se contentaron con arriesgar en la temática y el tono, también lo hicieron en el fondo. Mr. Robot es una de las series con mejor factura de la televisión actual y una de la que más arriesga e innova a la hora de presentar la historia al espectador. 

La apuesta estética 

Se rehúyen las reglas clásicas de composición cinematográfica para “hackear” al espectador enfrentándolo a otras formas de narración televisiva, una reformulación que rompe con lo establecido para contar la historia de David contra Goliat desde una perspectiva tan única como la mente de Elliot. El sugestivo poder narrativo de la serie de Sam Esmail se sustenta gracias a una enfermiza paleta de colores, a una arriesgada composición de planos y a su celebradísima selección musical.

La atmósfera traspasa la pantalla y provoca que el espectador llegue a sentirse tan desorientado y perdido como Elliot; los encuadres extraños, los planos con mucho aire, la voz en off, los planos simétricos, los silencios… aunque parezca que no está pasando nada la pantalla nos está diciendo muchísimas cosas, lanzándonos mensajes directos e indirectos que tenemos que procesar y asimilar. Nos reta a meternos en la cabeza de Elliot, un personaje del que no podemos confiar, un narrador falible y amnésico, perdido en su propia maraña de unos y ceros. 

En la serie, los planos no se rigen por las normas clásicas de la composición. Una de las cosas que más me llamaron la atención es cómo evitan el uso de la regla de los tercios, creo que nunca ponen a ningún personaje u objeto en el centro de la imagen y no sólo eso, deliberadamente dejan mucho aire por encima de los personajes o en los laterales, dejando al personaje u objeto en una de las esquinas de la pantalla. Navegando encontré este vídeo que muestra la ruptura de Mr. Robot y la normatividad audiovisual. 


La intención es clara, impactar al espectador tanto a nivel estético como sensorial. La serie logra sorprender y atrapar al espectador. Hay una permanente sensación de agobio que recorre toda la primera temporada y que se relaciona directamente con el estado mental de Elliot. La soledad, desamparo y pérdida que sufren los personajes se transmite a la pantalla de manera muy natural gracias a esta propuesta rupturista manejada con maestría y brillantez. El espectador llega a sentir la presión, el aislamiento y miedo de Elliot aunque nunca sepa si puede confiar totalmente en él. 

Estamos ante una historia de paranoia, conspiraciones, suspense y locura. La serie del siglo XXI, del nuevo milenio, está cargada de rabia y tecnología, de héroes que consumen droga para soportar el día a día y de redes sociales que nos aíslan. El sentimiento de desconexión de Elliot con la sociedad se extiende a la realidad, a veces todos deberíamos desconectar para respirar con calma antes de volver a darle al Like o de compartir un gif en Twitter.

lunes, 16 de mayo de 2016

The Flash nos regala un capítulo intimista


The Runaway Dinosaur, capitulo dirigido por Kevin Smith, ha sido uno de los episodios más emocionales y conmovedores de la presente temporada de The Flash. Puede que a algunos seguidores les sorprenda que a falta de dos capítulos para el final de temporada, la serie apueste por bajar el ritmo centrándose en  la evolución emocional de Barry y en su relación con Iris.

Zack Stentz, responsable del guión, es un buen conocedor del mundo de los superhéroes ya que participó en la escritura de los libretos de X-Men First Class y Thor. Y también es buen conocedor de las realidades alternativas gracias a su paso por Fringe, donde escribió 4 capítulos, entre ellos Northwest Passage, uno de mis favoritos.

El capítulo de Smith, el 21 de la presente temporada tiene muchos aspectos que valoro positivamente y sólo uno que no me convence. Analicemos The Runaway Dinosaur

Run, Barry, run

Grant Gustin demuestra, una vez más, su gran solvencia como actor. En este episodio, Gustin es capaz de transmitir toda la humanidad de un personaje que se enfrenta, día a día, a lo imposible. Su Barry es cercano, humilde y generoso pero también es una persona que ha sufrido mucho a lo largo de su vida, que ha librado mil batallas –y las que vendrán- y que ha tenido que sacrificar a su propia madre por el bien mayor.

La pérdida de un progenitor es casi una constante en el mundo de los superhéroes, un punto de inflexión que determina el futuro de los personajes y la lucha que emprenden. En The Flash, la muerte de Nora inicia una cadena de acontecimientos que, en última instancia, provocan el que Barry se convierta en el velocista escarlata. No obstante, esa pérdida le afecta tan profundamente que le impide alcanzar su máximo potencial. Por eso la Fuerza de la Velocidad quiere ayudarle a superarla. Barry debe aceptar la decisión que tomó en Fast Enough(1x23) para poder avanzar, para poder correr sin ataduras. Corre, Barry, corre.

La escena en la que Barry conversa con su madre, Nora Allen (Michelle Harrison) es maravillosa. El libro infantil The Runaway Dinosaur es una bonita síntesis de su relación con su madre y del amor que sentía por ella; un amor que a pesar de la tragedia se mantiene intacto y que es determinante para entender las motivaciones de Barry y la manera en la que se relaciona con los demás. En esta escena Gustin maneja las emociones del personaje con mucho tacto y gran inteligencia, transmitiendo todo el amor que el pequeño Barry sentía por su madre y todo el dolor que su pérdida le produjo. 

La Iris que merecemos
  
El romance entre Iris y Barry, idea que esta temporada ha estado bastante presente ya no sólo por el conocimiento del futuro que ambos poseen, sino por esa visita a Tierra 2, donde están casados, empieza a cristalizar en The Runaway Dinosaur. Iris es  la voz que guía a Barry hacia casa. Ella es su hogar, su futuro, su todo. Y ambos lo saben.
  
Candice Patton ha ido ganando enteros esta temporada, la evolución de Iris desde los primeros capítulos hasta ahora ha sido fantástica. Mientras que en Arrow los guionistas nunca lograron hacer que Laurel encajara, maltratando al personaje durante cuatro temporadas para rematarlo de la manera más vil posible; en The Flash, Iris West ha renacido de sus cenizas y tras superar, poco a poco, la muerte de Eddie Thawne, encontrar su camino como periodista y convertirse en un valioso miembro del grupo –verla interactuar con Cisco es un placer- se ha sacudido el polvo de una primera temporada donde no era más que una mera comparsa. 

¿Qué pasará ahora?

Después de su viaje a la Fuerza de la Velocidad intuyo que Barry es más rápido y fuerte que antes. También más sabio. Ha estado en contacto con la fuente de la velocidad, ha hablado con ella y ha aprendido mucho sobre su poder.

El capítulo también expande la mitología de The Flash al introducirnos en La Fuerza de la Velocidad y conocer un poco más sobre ella. La fuerza tiene conciencia y poder. Puede manifestarse y elegir cómo hacerlo. Y con Barry demuestra ser una entidad benévola que guía al héroe hacia su destino.  

El único pero del capítulo es que Wally debería saber la verdad sobre Barry, ya basta de mantenerlo en la ignorancia. Este desconocimiento no le hace bien al personaje, lo aparta del núcleo de la acción y no le permite interactuar de manera natural con el resto del reparto. Al pobre Wally le están haciendo lo mismo que a Iris en la primera temporada, ya basta de marginar a los West. 

domingo, 15 de mayo de 2016

5 motivos para renovar Limitless

Limitless es la continuación de la película del mismo título protagonizada por Bradley Cooper en 2011. Este procedimental creado por Craig Sweeny se centra en Brian Fich (Jake McDorman), un joven con síndrome de Peter Pan que tiene acceso al NZT, una milagrosa droga que aumenta la inteligencia.

La serie ha sido una grata sorpresa en una temporada bastante flojilla y aunque CBS aún no ha anunciado si la renovará para una segunda entrega, albergo la esperanza de verla en la parrilla televisiva de la próxima temporada. Aún así, como la cadena se lo está tomando con calma, quiero exponer varios motivos por los que considero que Limitless debería ser renovada.


Brian Finch, un protagonista entrañable


Jake McDorman está perfecto en la piel de veinteañero inmaduro, irresponsable, un poco vaguete pero de buen corazón. Desde el primer momento, Finch usará sus extraordinarias habilidades para ayudar a los demás, anteponiendo las necesidades de otros a las suyas. Esta capacidad de sacrificio es lo que le convierte en un héroe. Brian se preocupa por el débil, el necesitado; siempre protege a aquellos que están indefensos ante las injusticias. Pero el señor Finch también es un tipo divertido, soñador, extrovertido, cariñoso y creativo. Su forma de trabajar es una constante explosión de ingenio y cachondeo gracias a la música, las marionetas, los esquemas, los gráficos y vídeos que realiza. 


La serie nos ofrece dos versiones del mismo personaje; por una parte tenemos al Brian NZT y por otra, al Brian más humanos y familiar. Dos caras de la misma moneda que, a veces, tienen intereses contrapuestos. El desarrollo de la temporada ha situado a Brian ante varias disyuntivas: decirle la verdad a su familia, decirle la verdad a Rebecca, confiar en Morra, enfrentarse a su padre. Estos dilemas morales han sido una constante en todos los capítulos, permitiendo al espectador conocer mejor al protagonista y logrando que empaticemos con él y su situación.

Lo más interesante de este personaje es que a pesar de tener el NZT y de poder convertirse –como hace el senador Morra- en una versión mejorada de sí mismo, se aferra a ser la persona que era antes de tomar la pastilla; se aferra a su familia, a su humanidad, a sus valores morales y eso hace de él un personaje repleto de matices y profundidad.

Un procedimental diferente


La serie mantiene el mismo formato que otros procedimentales con un caso semanal al que los personajes deben resolver pero también cuenta con dos trama que recorren toda la primera temporada: las intenciones del senador Eddie Morra y la investigación de Rebecca sobre la muerte de su padre.

Gracias al NZT, Brian es un Sherlock hipervitaminado capaz de cosas asombrosas y su manera de encarar los diferentes casos es siempre original. Limitless sorprende al espectador a cada capítulo, ya sea con un episodio homenaje a Ferris Bueller’s Day Off o con uno centrado en Sands contado como un cómic o con uno desde la perspectiva de Rebecca tras tomar NZT. 

Hace poco Sweeney decía que querían “entregar semanalmente algo que nunca se hubiese visto antes en televisión, ya sea un montaje visual o un truco estructural”, hablaba de no anclarse en la rutina y de ofrecer siempre algo novedoso. La verdad es que lo han logrado porque Limitless es un procedimental que sabe ser serio cuando tiene que serlo pero que no renuncia a divertir al espectador fiel con detalles como deshechar la jerga técnica a favor de vídeos de gatitos o en mostrarnos cómo discurriría la saga de The Bruntouchables. Gracias a esta singular forma de afrontar los casos, la serie se sitúa por encima de muchos otros procedimentales.  

Es la sustituta de Chuck


Limitless comparte muchas cosas Chuck, la historia de un nerd reconvertido en espía por un backup en su cerebro. Durante cinco años pudimos seguir las aventuras en la NBC y aunque sus dos últimas temporadas no fueron buenas, la tercera es un gran ejemplo de buen entretenimiento sin pretensiones.

Brian, al igual que Chuck, tiene la oportunidad de hacer un mucho bien gracias a su nueva habilidad, ambos trabajan para el gobierno, ambos tienen una compañera femenina y una jefa dura pero justa. Agradezco que en Limitless no estén tan preocupados por la vida sentimental de su protagonista cosa que en Chuck influyó negativamente en el desarrollo de tramas y en el cuidado de los secundarios.

La propuesta de Craig Sweeny es tan consciente de la coincidencias entre ambas series que en los últimos capítulos de la temporada pusieron a Brian a trabajar en una tienda de informática junto a un compañero descerebrado y barbudo que recordaba a Morgan Grimes.
  
Los secundarios


La serie ha cuidado a sus secundarios, creando personajes con motivaciones, miedos, deseos, familia y pasado. Personajes que se pasean por la pantalla con un propósito y una meta, que han crecido capítulo a capítulo y que ya son parte fundamental del equipo. Mike (Michael James Shaw) e Ike (Tom Degnan), Stavros (Musto Pelinkovicci) y Sands (Colin Salmon) encajan perfectamente en el universo de Limitless y sin ellos el espíritu juguetón de la serie no funcionaría tan bien.

No obstante, creo que Sands ha sido el personaje más interesante de esta temporada y más desde el capítulo Sands, Agent of Morra. El hombre en la sombra del senador es una constante a lo largo de la primera entrega y si la serie tiene futuro le echaremos de menos. Colin Salmon es un experto en secundarios de lujo, su presencia siempre se agradece y, en este caso, su aportación aportaba tensión y peligro al conjunto. Sands era un mercenario con agenda propia pero respetaba y apreciaba –a su manera- a Brian. 

Rebecca Harris


Ver a Jennifer Carpenter en un papel tan equilibrado, comedido, autoexigente y organizado como este sorprende. Esta agente del FBI es todo lo que Debra Morgan no alcanzaba a ser pero ambas comparten un gran instinto policial y una enorme capacidad de sacrificio. Los guionistas han creado un personaje con un halo de misterio debido, en gran parte, a lo reservada y discreta que es.  Harris aunque eficiente y trabajadora no es perfecta y comete errores pero me gusta su capacidad de confiar en los demás, su preocupación por las personas y su negativa a darse por vencida. Pero también es autocrítica, indecisa y, muchas veces, demasiado solemne. 

La relación entre Finch y Rebecca se basa en la confianza. Ella aprecia a Brian, se preocupa por él y lo protege. Sabe que es un inmaduro y un tanto irresponsable pero también sabe que es una buena persona. Por ahora su relación se basa en la amistad y espero que la cosa siga así, no me gusta la idea de una TSNR en Limitless. Pueden seguir como hasta ahora, respetándose y trabajando juntos, forjando una amistad como han hecho en Elementary con Watson y Holmes. 

lunes, 2 de mayo de 2016

El encanto del diablo

Después de la desastrosa segunda temporada de Sleepy Hollow y de la terrible Constantine no esperaba nada bueno de Lucifer, otro cómic convertido en serie de televisión. ¿Cuántos van? Tom Kapinos, responsable de mi adorada Californication, es el creador de esta adaptación, un procedimental ligero que la Fox ya ha renovado para una segunda temporada. Lucifer se basa en el personaje creado por Neil Gaiman para The Sandman y que Mike Carey recogió para el celebrado spin off, Lucifer. La serie de Kapinos recoge la premisa del cómic de Carey y sitúa al ángel caído en Los Ángeles. 

En el piloto se nos presenta a Lucifer Morningstar (Tom Ellis), el encantador diablo que ha dejado atrás el infierno para asentarse en LA y regentar un local nocturno, de éxito moderado, en compañía de su fiel demonio Mazikeen (Lesley-Ann Brandt). Una noche, una actriz a la que ayudó en sus inicios es asesinada a las puertas de su club y Lucifer entra en contacto con la detective Chloe Decker, encargada del caso. El diablo se involucra en la investigación determinado a castigar al asesino pero también fascinado por la detective Decker, una mujer inmune a sus poderes. 

La serie da lo que promete, 45 minutos de entretenimiento superficial sin grandes complicaciones y con un personaje principal, Lucifer, encantador y seductor que siempre consigue salirse con la suya. La serie se sustenta, al igual que The Mentalist, en un personaje principal con cierto encanto y, por desgracia, repite los mismos errores que la creación de Bruno Heller: casos flojos y secundarios mal definidos. De momento, todo se supedita a Lucifer y su sonrisa socarrona; claro que puedes armar una temporada sobre esa base pero vas a necesitar mucho más para seguir adelante. 

Uno de los problemas más evidentes de la serie es que la relación entre Chloe (Lauren German) y Lucifer no acaba de cuajar. Ella es demasiado aburrida y no resulta interesante como personaje, Mazikeen me parece mucho mejor y eso que sale poco tiempo. La relación profesional entre el diablo y la detective sólo tiene interés mientras se mantenga el misterio de la identidad de Chloe. ¿Por qué es inmune al poder del diablo? ¿Por qué Lucifer se debilita estando junto a ella? ¿Forma parte del plan divino? De cara a la segunda temporada tendrán que trabajar más esa relación porque sino, una vez resuelto el misterio, no hay motivo para seguir soportando la presencia de Chloe y es una lástima porque a priori, sobre el papel, el personaje tenía todas las papeletas para gustar: madre, separada de su pareja (otro poli), con un breve pasado como actriz, hija de una estrella del cine, envuelta en una investigación de asuntos internos... pero no funciona y la forma en la que German aborda el personaje tampoco es que ayude a que la detective Decker interese. 

Su satánica majestad

Tom Ellis se entretiene interpretando al mismísimo diablo pero en algunos momentos sobreactúa, con el tiempo pulirá esa tendencia al histrionismo, algo que empezó a corregir conforme se acercaba la season finale mejorando sustancialmente su aproximación al personaje. Lo más interesante de Lucifer es su mitología y sus problemas con su hermano Amenadiel (D. B. Woodside) y su padre, el todopoderoso. Hay que tener en cuenta que Lucifer no eligió ni su puesto en el infierno ni su rol como juez de las almas descarriadas, tampoco se siente muy a gusto con la visión que los humanos tienen sobre su papel en el gran esquema de las cosas. En el fondo, Luci es un rebelde que se niega a doblegarse a la voluntad de su padre.

Lucifer es un antihéroe enigmático, encantador y divertido pero también es un ser que carga un enorme peso sobre sus hombros y que siente el impulso irrefrenable de retar a Dios una y otra vez. Y aún así, en la season finale, está dispuesto a sacrificarse por Chloe aunque ello signifique renunciar a su libre albedrío y acatar las órdenes divinas.

El futuro promete 

Espero que en la segunda temporada la detective sea consciente de la auténtica naturaleza de su compañero porque seguir obviando lo evidente es insultar la inteligencia del espectador. Además, ya sabemos que aparecerá la madre del diablo, una amenaza que puede puede proporcionar una buena excusa para hacer evolucionar a Lucifer y de paso fortalecer la mitología de la serie. Sin embargo, nada de esto tendría sentido si Chloe sigue pensando que Lucifer es un lunático con grandes conocimientos teológicos.

La serie funciona mejor cuando se centra en Lucifer y en el enfrentamiento que mantiene con su padre. Deberían introducir más elementos místicos en la trama y más referencias al infierno y al cielo y a los sentimientos de Lucifer con respecto a su destierro. También quiero ver más ángeles, aunque le he cogido cariño a Amenadiel lo lógico sería que apareciesen más seres alados pululando por la ciudad de Los Ángeles.


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