sábado, 8 de octubre de 2016

Flashpoint, las consecuencias de jugar con el tiempo


SPOILERS DEL 3X01 DE THE FLASH

Barry: You know what I need you to do.
Thawne: Yeah, but I want to hear you say it.
Barry: I need you to kill my mother
Thawne: With pleasure
Barry: I hate you.
Thawne: And I hate you. But I sometimes wonder which of us is right

La segunda temporada de The Flash se despidió con un cliffhanger enorme, Barry Allen comete la osadía de viajar atrás en el tiempo y salvar a su madre. Este acto es el punto de partida de uno de los cómics más famosos de la reciente historia del personaje, Flashpoint, una historia que allanó el camino para The New 52. El cómic publicado en 2011 fue escrito por Geoff Johns y dibujado por Andy Kubert, en él se presenta un mundo que sufre las catastróficas consecuencias de una guerra entre Aquaman y Wonder Woman, y en el que la mayor parte de los superhéroes no existen. Flashpoint es la base que usan Berlanti y su equipo para dar forma a la nueva temporada del velocista escarlata. 

Como seguidora de la serie me cuesta conciliar el final de la segunda temporada de The Flash con el emocionante final de su primer año.  En aquella ocasión Barry dejaba morir a su madre porque sabía que era lo correcto, sabía que no debía inmiscuirse en la línea temporal. Ese acto de madurez, ese sacrificio personal, fue fundamental para cimentar su personalidad como héroe y marcó su camino durante la segunda entrega, por eso es difícil comprender por qué salva a Nora en The Race of His Life

Durante la segunda temporada los guionistas decidieron que Barry debía sufrir, y mucho. El joven héroe pasó de tener cierto control sobre su vida y sus poderes a hundirse en la desesperación en su lucha contra Zoom, un villano que no sólo le fastidió la posibilidad de ser feliz con Patty sino que también le arrebató su velocidad, su confianza y a su padre. Puede que Barry sintiese que el universo le debía algo por tanto sufrimiento, por tanta pérdida y por eso decidió, en un arrebato de egoísmo, reescribir la historia a voluntad. 

Las consecuencias se traducen en enormes cambios en sus relaciones personales. Cierto que puede disfrutar de la compañía de sus padres y verlos juntos y ser feliz pero no tiene contacto con nadie de su línea temporal. Sus relaciones con Joe, Iris, Cisco y Caitlin son inexistentes haciendo menos rica y emocionante su vida. Cisco ahora es un arrogante millonario, Caitlin trabaja como oftalmóloga pediatra, Joe es un alcohólico, Iris no se habla con su padre. Además, en esta nueva línea temporal, Barry no se dedica a correr por Central City salvando vidas, dejando esa pesada carga para Kid Flash, Wally West.

Aunque en principio vemos a un Barry feliz, satisfecho y en paz pronto esa armadura de confianza y serenidad comienza a resquebrajarse no sólo por la voz de Eobard Thawne resonando en su cabeza, sino también por la ausencia de aquellos que le han ayudado a ser quien es. 

El capítulo apuesta por un enfoque intimista y personal del conflicto temporal creado por Barry, quien pronto comprenderá que no puede manipular el tiempo en beneficio propio porque su felicidad no puede estar por encima de la felicidad de los demás. El héroe debe entender que hay cosas más importantes que sus deseos, que sus necesidades; ser Flash es algo más que ayudar a los demás, significa sacrificio, significa abnegación, significa integridad. Barry ya ha cometido varios errores como Flash, errores que han conformado su carácter y su manera de entender su papel como héroe pero, a estas alturas, ya debería saber que trastear con la línea temporal tiene consecuencias imprevisibles. 

Lo cierto es que me hubiese gustado ver un poco más de esa nueva línea temporal, el conflicto se resuelve en un sólo capítulo demasiado centrado en Barry. Hubiese sido interesante ver a los demás personajes interactuar entre sí y darles más cancha a los actores para explorar esas nuevas identidades. El viaje emocional del joven Allen me parece demasiado precipitado, creo que su cambio de parecer, el asumir que Eobard debe matar a su madre, debería haberse desarrollado a lo largo de varios capítulos porque así, esa dolorosa petición, tendría mayor impacto. 

Es evidente que Flashpoint tendrá repercusiones importantes, el devenir de la temporada viene marcado por los acontecimientos derivados de la alteración temporal: Iris y Joe no se hablan, Cisco tiene problemas personales, Caitlin parece que comienza a desarrollar los poderes de Killer Frost, Wally no es Kid Flash (fue divertido verle con el traje) y tendremos una nueva versión de Wells con la que Tom Cavanagh podrá entretenernos otro año más. Lo que aún está por ver es si este punto de inflexión tendrá impacto en las líneas temporales de las otras series de superhéroes de la cadena. Todas ellas (Arrow, Legends of Tomorrow, The Flash y Supergirl) compartirán este año un crossover a cuatro bandas y es probable que en sus tramas se dejen ver pequeños cambios relacionados con las acciones de Barry.

Como apunte final, decir que a estas alturas de la serie creo que los guionistas han dejado claro que la muerte de Nora no puede, no debe, cambiarse. Hemos vuelto a esa noche, a ese salón, demasiadas veces, sinceramente creo que ha llegado el momento de dejar de jugar con esa idea porque comienza a ser demasiado repetitiva. En cualquier momento el grupo de Rip Hunter aparecerá por allí para impedir que una versión del futuro Flash detenga el asesinato. Ya está bien de tanto fetichismo alrededor de Nora y su muerte, lo hecho, hecho está.

miércoles, 5 de octubre de 2016

El orgullo del viejo oeste

Volvemos al condado de Absaroka donde parece que el tiempo se ha detenido por puro capricho, donde todo se hace igual que antes, donde la ley la impone -a su manera- el sheriff. Sin embargo, las cosas están cambiando en el condado, el casino atrae a grandes promotores inmobiliarios y a la mafia irlandesa. El lugar se llena de drogas y prostitución mientras que el sheriff yace en el hospital tras ser tiroteado en su casa con su propia escopeta. Las cosas están cambiando en Absaroka, para bien o para mal, y Walt Longmire intenta, sin éxito, frenar eso que algunos llaman progreso. 

La quinta temporada de Longmire puede considerarse de transición hacia lo que espero sea una apoteósica y épica sexta temporada. Mientras profundizaban en los vínculos que unen (o separan) a los personajes, los diez episodios de esta entrega han plantado las semillas de tramas que acabarán de madurar el próximo año. Walt, cegado por el orgullo y por un mal entendido concepto del honor, se ha quedado sólo. Su obsesión con Nighthorse, su impulsividad, su manera de hacer y ver las cosas, le han pasado factura: Cady ya no confía en él, se ha peleado con Henry, está a punto de perder su empleo y nadie en el ayuntamiento le apoya. Es su momento más bajo y, para colmo, puede perder algo más que su trabajo, puede perder esa cabaña en medio de la inmensidad de Wyoming que simboliza su libertad e individualidad. 

La sexta temporada, aún por confirmar, huele a cierre, a despedida. En su momento, Netflix recogió un procedimental con carácter y apostó por transformarlo en una historia épica sobre un hombre que tendría que haber nacido hace 200 años. La jugada fue arriesgada pero los fans estamos más que encantados con el resultado. Aunque sigue manteniendo la fórmula de los casos episódicos, se ha trabajado muy duro en la serialización de la serie y en la evolución de sus personajes; un ejemplo sería Ferg, ese secundario simpático que servía de desahogo cómico ha tenido un viaje personal consistente e interesante que le permitió ser el eje de uno de los mejores capítulos de la temporada, Pure Peckinpah (5x05). 

La única pega que le pongo a la temporada es la duración de los episodios. Netflix suelta alegremente capítulos que oscilan entre los 50 o los 70 minutos sin orden ni concierto, algunos capítulos hubiesen mejorado con algo menos de metraje. 

El carácter de Absaroka

Todos los personajes han tenido arcos deslumbrantes y complejos, arcos que les han llevado a crecer en solitario ante el espectador atento. Cady se ha independizado, ha sufrido y se ha sacrificado por un trabajo que cree importante ganándose, con ello, la aceptación de la gente de la reserva. Henry ha intentado hacer lo correcto en todo momento pero su relación con Walt se ha resentido. Vic se ha enfrentado a su particular demonio y puesto algo de orden en su vida. 

La historia de Walt se desarrolla en tres frentes: la demanda legal, su relación con Donna y su enfrentamiento con la mafia irlandesa que opera en Absaroka atraída por el dinero fácil del casino de Jacob Nighthorse. El solemne y tranquilo Walt se viene abajo, su imagen pública está por los suelos y hasta sus enemigos se atreven a retarle seguros de la victoria. Siendo honestos, Walt ha cavado su propia tumba. Durante cuatro años, Longmire ha cocinado a fuego lento el rencor de Walt hacia Jacob Nighthorse, y este año, ese rencor se ha traducido en una obsesión que le ha llevado ante el botón de autodestrucción. Humanizar al sheriff ha sido un acierto, verlo como un hombre con defectos, emociones y problemas lo acerca más a la tierra y nos da otra perspectiva del personaje. 

Cady, por fin, ha tenido un arco interesante, a la altura de su importancia dentro de la serie. Ya era hora de que el personaje pudiese demostrar su valía; su trabajo en la reserva, el tiroteo en su casa y su relación con Nighthorse nos han mostrado la versatilidad de Cassidy Freeman como actriz y todo el potencial de un personaje que, hasta el momento, siempre había estado al servicio de la historia de Walt. Que conste que yo sigo emperrada en emparejar a Cady con Henry pero los guionistas no me hacen caso.

Una de las mayores virtudes de esta temporada ha sido constatar que tanto Nighthorse como Mathias no son personajes planos ni villanos de cartón piedra sino que son seres complejos, con motivaciones mucho más sugestivas de lo que parecían en un principio. Personajes que se mueven en un mundo de grises que abre y explora propuestas narrativas y evolutivas de gran calado. 

Este años todos os hilos temáticos se han entretejido de madera satisfactoria evidenciando que estamos ante una serie madura y compleja que sabe muy bien qué quiere contar y cómo quiere hacerlo. El final de temporada, con todas las tramas precipitándose hacia un punto de no retorno que deja a los personajes indefensos ante la virulencia de los acontecimientos, es una gozada para el seguidor de Longmire que sabe, que espera, que necesita, una puntada final para completar el tapiz del condado de Absaroka.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Salvar la galaxia es harto complicado

SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE DARK MATTER 

Reconozco que me costó entrar en el universo propuesto por Dark Matter, no fue hasta el quinto capítulo de la primera temporada cuando esta space opera logró captar mi atención, desde entonces me declaro fan incondicional de la tripulación de la Raza. La serie, creada por Joseph Mallozzi y Paul Mullie, se basa en el cómico homónimo publicado por Dark Horse Comiscs. La premisa es simple, seis personas se despiertan en una nave especial sin saber cómo han llegado hasta allí ni quiénes son. Sus recuerdos han sido borrados y tienen por delante la difícil tarea de averiguar quienes son y quién es el responsable de su amnesia. La nave en la que despiertan es la Raza que cuenta con un androide de apoyo que poco a poco se va desvelando como algo más que un amasijo de circuitos de lógica matemática. 

La serie juega con estilo y soltura con tropos familiares para los amantes de la ciencia ficción y del western; además, cuenta con un reparto estupendo que ya le ha cogido el tono a sus personajes. Desde el piloto, el viaje emocional de todos ellos ha estado bien construido siendo coherente con sus personalidades subyacentes y con las relaciones que han entablado con el resto de sus compañeros de aventura. Una vez descubiertas sus identidades pasadas, cada uno de ellos empezó a construir su nuevo yo, sabiendo que ciertos actos les perseguirían siempre. El cambio operado en los tripulantes de la Raza es evidente; aunque en principio todos ellos representan un arquetipo reconocible han acabado siendo algo mucho más complejo e interesante que el típico matón amante de las armas o la joven con habilidades tecnológicas. 

La apuesta de Syfy por regresar al espacio, lugar abandonado por la cadena desde los finales de Stargate Universe y Battlestar Galactica, ha dado como resultado una de las series más entretenidas de la época estival. La segunda temporada acaba de finalizar con un capítulo de infarto (menos mal que la tercera entrega está asegurada) que confirma que las buenas sensaciones que ha dejado la serie a lo largo de sus 26 capítulos no han sido un espejismo. Dark Matter ha apuntalado sus puntos fuertes convirtiéndose en una propuesta muy a tener en cuenta, es entretenida, vibrante, divertida y emocionante. 

La temporada de la Androide

De cara a la tercera temporada espero que den un poco de cancha a ciertas tramas que se han quedado en stand by debido al gran número de frentes abiertos este año. ¿Quién asesinó a Uno y a su esposa? ¿Qué pasa con el pasado de Cinco? ¿Quién vino del otro universo? ¿Qué pasa con los creadores de Dos?

La temporada comenzó con fuerza, con una evasión carcelaria y la incorporación de nuevas caras entre la tripulación. Uno de los cambios mejor trabajados ha sido el de Cuatro. A lo largo de la temporada hemos visto como intentaba equilibrar su lealtad hacia la Raza con su sentido de la responsabilidad para con Zairon. Finalmente, decidió rescatar los recuerdos de Ryo y reclamar su imperio. Su transformación es evidente pero se siente un tanto precipitada, me hubiese gustado ver un poco más la corte del Emperador para ver cómo se amolda al cargo y a sus recuperados recuerdos. 

La incorporación de Nyx a la tripulación me pareció un acierto aunque su trama, con esa comunidad de personas clarividentes, podría haber sido mucho más interesante. Creo que ahí los creadores desaprovecharon una historia de largo recorrido que podría ser de lo más jugosa. Nyx se ganó su puesto en la Raza y la confianza de Dos, quien la dejó al cargo de la nave en el último capítulo. Sin embargo, está por ver si Nyx sobrevivirá al ataque de Misaki y si podremos contar con su presencia en la tercera temporada. Personalmente, me gustaría verla en la nave más tiempo pero la cara de la Androide presagia el peor desenlace para el personaje. 

La trama más interesante de este año recayó en la Androide y su evolución emocional. La escena final, con la Androide arrodillada junto a Nyx me pareció muy triste. La historia de la Androide ha sido una grata sorpresa dentro de una temporada casi perfecta. Los guionistas parecen tener muy claro hacia donde quieren empujar al personaje y Zoie Palmer está más que perfecta en el papel. El capítulo en el que se infiltra en la estación espacial intentando ser detenida es uno de los más divertidos de la serie y sus escenas haciéndose pasar por humana muy simpáticas. La Androide, que tiene una conexión muy especial tanto con Dos como Cinco, empieza a manejarse con las emociones, a sentir miedo, duda y preocupación. Sus sentimientos hacia los tripulantes de la Raza son genuinos, por eso resulta tan conmovedor verla en los compases finales del capítulo intentando contactar con ellos y descubriendo a Nyx en el suelo. 

El universo de Dark Matter sigue creciendo, la inminente guerra entre corporaciones (esta trama me recuerda a Continuum) y la traición del emperador de Zairon crean un escenario poco favorable para nuestros héroes pero de lo más estimulante. ¿Estará Cuatro destinado a convertirse en el gran villano de la historia? ¿Qué ha pasado con los demás miembros de la tripulación? ¿Cuáles son las intenciones de Truffault? ¿Qué será de Nyx? ¿Podrá la Androide solucionar la difícil situación?.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

El peor año de Tig

One Mississippi, la serie semiautobiográfica de Tig Notaro que coescribe junto a Diablo Cody, es un viaje emocional a través de la enfermedad, la muerte, el duelo y las relaciones familiares que nadie debería perderse.

Tig (interpretada por Notaro) es una locutora de radio de Los Ángeles que regresa al hogar familiar cuando su madre muere. Tig acaba de pasar por una doble mastectomía, tiene una enfermedad intestinal grave y una relación poco sólida con su padrastro. Frágil, enferma, agotada por los tratamientos médicos y abrumada por la pérdida de su madre, vuelve al viejo Mississippi sin saber que ese viaje cambiará su vida. La serie, compuesta por seis capítulos de poco más de veinte minutos, es adictiva. No obstante, no es una serie para ver en cualquier momento, a nivel emocional te deja bastante tocada aunque logre arrancarte una sonrisa cada dos minutos.

Estamos ante una serie, no me atrevo a definirla como una comedia, muy personal que fluye a través del mordaz humor de Tig y de su relación con aquellos que la rodean. El viaje emocional de la protagonista va desde la tristeza y la negación hasta la aceptación y el optimismo; por el camino tropezará con la dulzura, el miedo, el odio, la rabia, la lástima y el deseo. Y aunque todo esto pueda sonar duro y árido, las tres responsables del resultado final (Notaro, Cody y la directora Nicole Holofcener) logran relajar la tensión dramática -a la vez que ahondan en las emociones de los personajes- a través de secuencias oníricas y surrealistas, una banda sonora estupenda y silenciosas escenas que gritan al espectador usando una aséptica puesta en escena. 

Notaro se asigna el papel principal de un drama con tintes cómicos basado en la peor época de su vida. En 2012, esta cómica estadounidense sufrió un grave problema digestivo, perdió a su madre, terminó con su pareja y le diagnosticaron cáncer de mama por lo que tuvo que someterse a una doble mastectomía. Alrededor de un personaje físicamente débil pero mentalmente ágil y sarcástico se articula la historia de una familia con muchos esqueletos en el armario. Aunque Notaro no es actriz y, a veces, sus limitaciones interpretativas pueden resultar un tanto irritantes, se descubre como una observadora y narradora capaz. Una voz firme en un momento en el que las series semiautobiográficas y las visiones de creadores muy personales (muchos de ellos cómicos) se amoldan con gusto al modelo de plataformas como Amazon o Netflix.

Completan el reparto de One Mississippi, Noah Harpster como Remy, el hermano de Tig; y John Rothman en la piel de Bill, su padrastro. La madre fallecida aparece de cuando en cuando con el rostro de Rya Kihlstedt. Remy es un profesor de instituto, regordete y bonachón, que vive en el ático de la casa familiar, un ático que lleva años reformando y que es un claro reflejo de su personalidad a medio desarrollar. Remy sigue anclado en su adolescencia, incapaz de madurar y de tomar decisiones adultas que supongan un cambio del statu quo. Bill, por su parte, es un hombre sin apenas habilidades sociales; es franco, ordenado, puntilloso y parece más preocupado por su gato que por el reciente fallecimiento de su mujer. Sin embargo, tengo que deciros que Bill es el auténtico descubrimiento de la serie, un personaje trágico y noble que sufre en silencio la pérdida de la única persona que le entendía y que le servía de nexo con el resto del mundo.

One Mississippi es un viaje hacia el autodescubrimiento y la aceptación lleno de tragedia y comedia, como la vida misma. Y aunque la enfermedad de Tig planea sobre todo el metraje, en realidad creo que la serie es una bellísima oda a la madre fallecida y a la familia.

La serie, construida a base de recuerdos –no todos buenos– tiene una densidad por la que el guión a cuatro manos de Notaro y Cody navega con soltura e instinto. Saben cuando es necesario aligerar la carga emocional con un toque surrealista o cómico para que el dolor no sea demasiado intenso. Me sorprende que una guionista tan propensa al exceso y a los giros repentinos como Cody, solo hace falta revisionar United States of Tara para ver su gusto por lo inesperado, se amolde al estilo contemplativo y pausado de Notaro. La fusión de sus personalidades creativas da como resultado una serie que se siente auténtica y sincera, algo difícil de lograr y que pocas series (Louie seria un ejemplo) consiguen.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Un lobo llamado Chris

SPOILERS DE LA 2ª TEMPORADA DE FEAR THE WALKING DEAD.
SI NO HAS VISTO EL 2X10 NO SIGAS.

Chris : I’m good at this
Travis: That’s what worries me.

Fear The Walking Dead ha regresado para mostrarnos la disgregación por todo México del grupo original y el viaje, sin retorno, de Chris hacia el lado oscuro. El primer capítulo se centraba, de manera acertada, en las vicisitudes de Nick para sobrevivir por su cuenta. El segundo, seguía al grupo conformado por Madison, Strand, Ofelia y Alicia hasta un hotel donde las cosas pronto se ponían feas. El tercero seguía los pasos de Travis y Chris aunque también adjudicaba minutos al hotel plagado de zombies donde Alicia (Alycia Debnam-Carey) empieza a dar muestras de una rápida adaptación e instinto de supervivencia. 

En una entrevista para IGN, Alycia Debnam-Carey hablaba de la “metamorfosis” que va a sufrir su personaje ya que por primera vez va a tener que valerse por sí misma sin el apoyo del grupo. Con todos separados y actuando de manera independiente, Alicia puede pensar en sí misma, hacia dónde va y qué tipo de superviviente va a ser. La división del grupo permite profundizar más en los personajes y en el tipo de persona en la que se van a convertir a raíz del apocalipsis zombie. The Walking Dead ya usó esta táctica con resultado irregular pero permitiendo que Daryl, Carol o Beth brillasen en solitario e interactuasen con otros miembros del grupo con los que sólo cruzaban dos palabras por capítulo. 

En Fear The Walking Dead, a la hora de hablar de evolución y cambio, son Nick y Chris los dos personajes que más han evolucionado desde el inicio de la serie. Chris, personaje que se ha ganado el odio del público a pulso, pasó de vivir con su madre y de ignorar a su padre a encerrarse en sí mismo y desarrollar un odio visceral hacia sus compañeros de viaje. Perder a su madre no ayudó a dulcificar su carácter, desde entonces disfruta de este nuevo mundo donde matar (caminantes o personas) es una forma de dar rienda suelta a sus instintos más bajos. Si Nick se relaciona con este mundo y los caminantes como si fuesen una droga, alimentando así su personalidad adictiva; Chris lo hace desde la perspectiva de un depredador, él es un lobo que hará lo que le plazca a quien le plazca ante la atónita mirada de un Travis cada vez más consciente de que le ha perdido. 

En este sentido, el asesinato a sangre fría del granjero en décimo capítulo de la segunda temporada hace que Travis abra los ojos a la realidad. Chris es incontrolable, Chris disfruta matando y la situación actual le proporciona el marco adecuado para satisfacer ese instinto. Chris no puede ser salvado y tampoco quiere serlo. Travis, por lógica, tiene entre manos un dilema harto complicado: matar a Chris, su hijo, o esperar a que Chris lo mate a él cuando se aburra de seguirle por México. Otra opción es que Chris muera a manos de un caminante pero dudo que la serie tire por un camino tan fácil. 

En este punto, la relación entre Travis y Chris va hacia un lugar muy oscuro y es evidente que la idea del padre de recuperar a su hijo se ha esfumado. Durante la segunda temporada, Travis ha hecho lo posible por mejorar su relación con Chris y por traerlo de vuelta al redil, pero puede que su hijo esté destinado a ser uno de los malos de la historia. Y dicho a esto, ¿qué es lo que motiva a Chris?. Es evidente que dentro del contexto de la serie es un personaje que ha perdido su humanidad y que mata por diversión, por rutina, porque puede pero ¿qué le ha llevado a este punto? Chris ha pasado de ser un adolescente odioso a un asesino a sangre fría en pocas semanas, ¿había señales de alerta que nadie vio?, ¿por qué elige ese camino y no otro?, ¿justifica su situación personal previa el que se haya convertido en un monstruo?. Todo lo referente al camino que ha elegido Chris me parece precipitado y mal explorado. No se entiende por qué el chaval actúa de esa manera. Los seguidores del género ya sabemos que cuando la civilización se desmorona algunas personas lo toman como una señal para mostrar su peor cara, para celebrar el fin de la normas y del control, se desprenden de su piel de cordero y muestran al lobo que llevan dentro. Ese personaje siempre está presente pero si Chris va a ser ese personaje agradecería una explicación más plausible que el manido “estaba enfadado con su padre”, “su madre murió” y “se sentía desplazado por culpa de la familia de Madison”. 

Por cierto, ¿alguien ha echado de menos a Ofelia?

martes, 16 de agosto de 2016

Las imperfecciones de Preacher



CUIDADO, SPOILERS DE LA PRIMERA TEMPORADA 

Tuve serias dudas con Preacher, durante la primera temporada hubo varios momentos en los que a punto estuve de abandonarla pero siempre había una escena, un momento, una frase, una sensación que me obligaba a continuar.

La adaptación televisiva del cómic de Garth Ennis y Steve Dillon se centra en Jesse Custer (Dominic Cooper), un predicador sin fe que busca su camino en un mundo que no anda sobrado de esperanza. La llegada a Annville de su ex-novia, Tulip (Ruth Negga nunca ha sido más magnética) y de Cassidy (Joe Gilgun), un vampiro irlandés amante de la bebida y las drogas, imposibilita su conversión en un hombre de fe, en un pilar de la comunidad. Jesse quiere reformarse pero el destino se empeña en desviarlo de ese camino. Cuando la entidad Génesis, un ser todopoderoso nacido de la unión entre un ángel y un demonio, le proporciona el poder de que su voz sea obedecida -como si de Killgrave se tratase- su proceso de redención da un vuelco. 

La serie nos presenta un mundo donde ángeles y vampiros campan a sus anchas entre humanos, un mundo sin fe ni misericordia y que, sin saberlo, ha perdido a su Dios. Como buena serie de AMC el nivel de producción de Preacher es de calidad, hay violencia explícita, humor negro, sexo y mierda, mucha mierda. 

Los diez capítulos que componen la primera entrega de esta atrevida propuesta han ofrecido un puñado de momentos emocionantes, disparatados y frenéticos pero también se ha notado cierta deriva argumental y desconexión entre los personajes que debían apuntalar la narrativa y continuidad de Preacher. La entrega, sin ser perfecta, tampoco puede tacharse de desastre; sin dudarlo, compro ese negrísimo sentido del humor, esa acción trepidante y a esos actores totalmente entregados a unos personajes excesivos, socarrones y salvajes. Cassidy, Jesse y Tulip transpiran carisma; el vampiro irlandés destaca sobre sus compañeros de reparto pero es que su personaje es mucho más agradecido que el de esos dos amigos de infancia, seres ultraviolentos que no desentonarían en Amor a Quemarropa

Ahora que sabemos que la temporada no era más que un largo prólogo para el viaje de los tres protagonistas en busca de Dios, podemos ser más permisivos con esa inconsistencia narrativa que tanto daño hizo a algunos episodios. Esperemos que la nueva entrega corrija esos errores de base. 

Borrón y cuenta nueva

Creo que la decisión de borrar Annville del mapa puede resultar contraproducente para la serie y cabrear a los seguidores de la historia. Annville es la ciudad donde los tres personajes principales confluyen, un espacio donde enmarcarlos para que el público pueda llegar a conocerlos. La destrucción del lugar y la muerte de todos sus habitantes es un golpe bajo para el espectador que durante diez capítulos se ha dejado seducir por sus gentes y por la opresión malsana de una ciudad plagada de miseria humana y mierda de vaca. 

Preacher decide hacer borrón y cuenta nueva en su season finale y ese nuevo punto de partida es emocionante pero también me cabrea un montón. Entiendo que los creadores quisiesen crear una base sólida para sus personajes, Annville era el escenario perfecto para indagar en sus motivaciones e impulsos, para explicar el por qué de su alianza y de su misión pero, aunque destruir el espacio donde eso sucede y reducirlo a cenizas es un movimiento audaz, me parece una apuesta desesperada, una manera de soltar lastre y de salir de un espacio físico donde los guionistas no se sentían demasiado cómodos.

lunes, 15 de agosto de 2016

La vida en el Sacred Heart

CUIDADO, SPOILERS A DESTAJO

El verano es una estación propicia para el revisionado de series. Unos meses en los que mi yo seriéfilo se pone al día (The 100), rescata clásicos (The Larry Sanders Show, John Adams) o revisita propuestas que, dependiendo de cómo las haya tratato el tiempo, mejoran o se vuelven insoportables. Scrubs es de las que mejoran. En su momento no le presté la atención suficiente a esta comedia médica de la NBC pero durante las últimas semanas he corregido ese error.

Scrubs es una comedia que se emitió en la NBC durante siete temporadas y que tuvo dos temporadas más en la ABC, sumando un total de 182 capítulos. La historia está narrada desde la perspectiva de John Dorian, J.D. (Zach Braff), un joven residente de medicina que empieza a trabajar en el hospital Sacred Heart. Aunque la serie se vertebra entorno a J.D. y a su viaje profesional y vital, el resto del reparto tiene un enorme peso en el desarrollo de tramas y, en muchas ocasiones, sus historias son más importantes que las del protagonista.

Estamos ante una propuesta que mezcla, de manera brillante, comedia y drama, esta fórmula la aleja del resto de series médicas (House , ER o Anatomía de Grey) con las que coincidió durante su época de emisión (2001-2010). Si vemos más allá de los gags, fantasías y recursos cómicos, comprobamos que la creación de Bill Lawrence transmite la dinámica de un hospital con precisión notable. Puede que no lo parezca a primera vista pero el tono general de la serie se mueve entre el realismo y la tragedia, como la vida misma.

Mi revisionado me permitió descubrir muchos aspectos de la serie que no supe apreciar en su momento como su esmerada selección musical, su cantidad de estrellas invitadas, la acertada evolución de J.D., los complejos dilemas morales que afrontan los personajes, el delicado tratamiento de la depresión post-parto o de la diversidad sexual (ese Todd)... Ha sido un agradable reencuentro. A Scrubs nunca se le ha dado todo el crédito que se merece. En su mejor momento era tan divertida como las comedias que se llevaban los premios y la audiencia, y tan conmovedora como cualquier drama, médico o no. La serie de Lawrence tuvo la mala suerte de estrenarse cuando la NBC empezaba a estar de capa caída, la network de las grandes comedias perdía su fuerza y eso, por extensión, afectó a Scrubs

En conjunto, fue una serie sólida y consistente, en constante evolución -como sus personajes- y que supo, como pocas, aprovechar un buen reparto coral y pivotar, sin sentimentalismos ni excesos, entre la comedia y el drama.

Aquí os dejo un compendio de los mejores capítulos de Scrubs.


My Half-Acre (5x09)

La relación de J.D. con Julie (Mandy Moore) fue uno de los muchos aciertos de la serie. Julie era una versión torpe y femenina de J.D., ambos tenían muchos puntos e intereses comunes, y formaban una pareja con gran potencial cómico. Este capítulo proporciona a Donald Faison, que interpreta a Turk, la oportunidad de mostrar sus habilidades como bailarín gracias a la trama de la air band que monta el conserje. Las escenas con la música de Bel Biv Devoe y Boston son buenísimas y respaldan lo que todos los fans de la serie saben, que Scrubs es una serie divertida y más cuando se permite explorar la rareza y excentricidades de sus personajes.


My Cake (4x06)

Dan (Tom Cavanagh), el hermano mayor de J.D. vuelve a la ciudad con una mala noticia, la muerte de su padre. J.D deberá bregar con su dolor, con un hermano que se pasa los días sentado en la bañera bebiendo cerveza y con la soledad que le produce la muerte de un padre con el que nunca tuvo una gran relación. El doctor Cox, imprescindible John C. McGinley, no sabe cómo ayudarle con su depresión. Finalmente, pasa la noche junto a J.D y Dan bebiendo cervezas, viendo la tele y hablando de sus padres. Una escena emotiva que demuestra, por mucho que lo niegue, que a Perry le importa su protegido.

Por su parte, Turk descubre que tiene diabetes tipo dos y que tiene que cambiar ciertas costumbres para sobrellevar su enfermedad. Al principio se resiste pero la doctora Molly (Heather Graham) le hace entender que no puede seguir haciendo el tonto.

El padre de J.D., Sam Dorian fue interpretado por el actor John Ritter y estaba previsto que el actor retomase el papel en algún capítulo tras su intervención en My Old Man (2002). Sin embargo, Ritter falleció en 2003 durante el rodaje de la segunda temporada de 8 Simple Rules for Dating My Teenage Daughter.


My Old Lady (1x04)

Este capítulo encapsula perfectamente lo que es Scrubs, una comedia con tintes dramáticos que sabe manejar la carga emocional de la muerte, la pérdida, la depresión y el miedo con inteligencia. Uno de cada tres pacientes que ingresa en el hospital muere, la estadística es pura y dura. J.D, Turk y Elliot tratan a sus respectivos pacientes, por desgracia, ninguno de ellos sobrevive. J.D. se encarga de la señora Tanner, interpretada por esa fuerza de la naturaleza que era Kathryn Joosten la Dolores Landingham de The West Wing o la Karen McCluskey de Desperate Housewives. La señora Tanner tiene insuficiencia renal y necesita diálisis pero decide que ha tenido una buena vida y que quiere morir. Dorian aprende una dura lección sobre la muerte y la comprensión, el miedo le invade y pasa el tiempo con esa increíble mujer hasta que fallece.

El uso de la versión de John Cale de Hallelujah para enmarcar el momento final es muy acertado. El drama inunda el Sacred Heart porque ninguno de los tres pacientes sobrevive. J.D., Turk y Elliot tienen que comunicar a sus familiares la muerte de sus seres queridos. Momento kleenex. El espectador es cómplice de este viaje hacia lo inevitable y debe aceptar, como lo hace J.D., que no todas las historias tienen un final feliz, que no todo el mundo se salva y que la muerte no entiende de justicia o sentimientos. Simplemente se presenta cuando menos te la esperas.


My Screw Up (3x14)

Brendan Fraser fue una de las estrellas invitadas de la serie. Su primera aparición corresponde a la primera temporada y en la tercera regresa para dar pie a una de las historias más tristes y mejor tejidas de Scrubs. Mientras Elliot y Turk aprenden a vivir, o no, con su físico; Ben, el personaje de Fraser, aparece para asistir al cumpleaños de su sobrino Jack, el hijo del doctor Cox. Ben tiene leucemia y, aunque en remisión, ha obviado hacer los controles médicos apropiados. El doctor Cox le pide a J.D. que se haga cargo de su mejor amigo aunque el joven interno le dice que está hasta arriba de trabajo.

Filmado con habilidad, podemos considerar este capítulo como un homenaje a El Sexto Sentido. Cuando revisitas el capítulo te das cuenta de todas las señales que los guionistas Neil Goldman y Garrett Donovan fueron dejando a lo largo del mismo. Para los fans, My Screw Up es uno de los mejores capítulos de la serie no sólo por lo sorprendente que fue en su momento, sino también porque John C. McGinley está magnífico. No será la primera vez que Cox se culpe a sí mismo por la muerte de un paciente, en este caso también de un amigo, y pasará por un bache emocional muy duro que hará mella en el curtido médico.

My Screw Up fue el único capítulo nominado al Emmy en la categoría de guión comedia, no ganó pero estar ahí ya es un triunfo. Ese año competían por el premio Arrested Development, Sex in the City y Frasier. El premio se lo llevó en Mitchell Hurwitz por el piloto de Arrested Development.

Al final del capítulo suena Winter de Joshua Radin.


My Musical (6x06)

Una paciente llega al Sacred Heart con una extraña afección: ve la vida como un musical, la gente canta a su alrededor, hay bailes coreografiados, duetos, solos y emoción. 

Bill Lawrence siempre había soñado con hacer un capítulo musical y la jugada le salió redonda, no está al nivel del Once More With Feelin (The Buffy Vampire Slayer), el capítulo musical que sirve de medida para todos los demás, pero Scrubs demostró que podía hacer cantar y bailar a sus personajes y componer una historia médica con tintes dramáticos sin renunciar al humor característico de la serie en veinte minutos. Las canciones son divertidas, cuidada producción y excelentes números de baile. Destacar que tanto Judy Reyes como Donald Faison se marcan un número, el For the Last Time, I'm Dominican, en el que sorprenden por sus buenas dotes como cantantes y bailarines. 

Mi canción favorita es el Guy Love. Por supuesto. 


My Way Home (5x07)

El capítulo 100 de la serie es un canto de amor a El Mago de Oz. El capítulo comienza con J.D en la bañera escuchando una canción de Toto. La verdad es que en el episodio hay multitud de referencias a Oz desde las zapatillas rojas hasta el camino de baldosas amarillas pasando por el nombre de Dorothy o las menciones a Kansas. La trama entreteje las historias de Elliot, Turk y Carla. La primera necesita confiar más en sus conocimientos médicos, el segundo necesita un donante de corazón y la tercera necesita corage para afrontar la maternidad. Por su parte, J.D no deja de repetir que quiere irse a casa pues es su día libre y tiene que pasarlo en el hospital. 

Añadamos a este mágico conjunto, una versión del Over The Rainbow cantada por Ted y su banda, The Worthless Peons, desde la azotea del Sacred Heart. Precioso. 


My Life in Four Cameras (4x17)

Un guionista del programa favorito de J.D ingresa en el Sacred Heart. El capítulo es una larga ensoñación de J.D. en la que transforma el Sacred Heart en una serie de televisión, todo se ve bastante artificial e increíble, hasta se añaden risas enlatadas. 

J.D quiere negar la realidad, lo necesita, y por eso su día se convierte en una sitcom donde todo el mundo sobrevive y las mujeres llevan escotes excesivos. La vida no es como una serie de televisión y menos en un hospital, los personajes tendrán que lidiar con situaciones que les enfrentan a decisiones muy duras. No todo es agradable y sencillo; la gente pierde su trabajo, los pacientes mueren, las relaciones personales no se solucionan con una palmadita en la espalda. La idea de transformar la serie en una sitcom al uso es bastante original y entronca perfectamente con las fantasías que suele tener J.D. 

Clay Aiken aparece en el capítulo y se marca una versión del Isn't She Lovely de Stevie Wonder que irradia optimismo y alegría, algo que choca con la situación que J.D. se esfuerza en ocultar con su sueño a cuatro cámaras. 


My Happy Place (8x04)
Tomó tiempo que J.D. y Elliot volviesen a estar juntos y cuando lo hacen ambos cargan con un bagaje personal y emocional mucho más complejo y amplio que cuando lo intentaron por primera vez. Cerca del final de la serie, llega el momento de la reconciliación y la aceptación.

La conversación que mantienen en la cafetaría sobre su pasado, su presente y la posibilidad de un futuro juntos es madura y sincera. Los dos han llegado a un punto en el que se entienden a sí mismos y están preparados, por fin, para tener una relación. Cuando lo intentaron por primera vez, J.D y Elliot eran impulsivos, inmaduros y estaban llenos de miedos y dudas. Con el tiempo su relación, una montaña rusa de encuentros y desencuentros impulsada por un profundo afecto, se volvió más orgánica, íntima y cercana. Una relación con fuertes cimientos que durará para siempre. 

Scrubs trata del proceso de crecimiento, personal y emocional, de esos personajes y esa escena, en la que ambos ponen las cartas sobre la mesa y son totalmente abiertos y honestos, es un claro ejemplo del cambio operado tanto en J.D. como en Elliot. 


My finale (8x18/19)
Endings are never easy. I always build them up so much in my head, they can't possibly live up to my expectations, and I just end up disappointed. I'm not even sure why it matters to me so much ow things end here. I guess it's because that we all want to believe that what we do is very important: that people hang on to our every word, that people care what we think. The truth is, you should consider yourself lucky if you even occasionally get to make someone, anyone, feel a little better. After that, it's all about the people you let into your life. -J.D.
Cierto que existe una novena temporada, pero considero que este es el final que la serie y los seguidores merecíamos. J.D. deja el Sacred Heart para poder estar más cerca de su hijo y esta decisión supone un cambio enorme en su vida y en sus relaciones personales ya que todos los demás (Cox, Turk, Elliot y Carla) se quedan atrás. El doble episodio es un compendio equilibrado de recuerdos y anhelos, de alegrías y tristezas. La despedida, escrita y dirigida por Bill Lawrence, hace patente el cambio de los personajes a lo largo del tiempo. De eso se trata, de evolucionar, de crecer, de mejorar como personas y profesionales y Scrubs hizo que ese viaje, a través de los ojos de J.D., fuese emocionante, divertido y original. 

Hay momentos preciosos como la despedida entre J.D y Carla, la conversación con el conserje, la confesión de Cox y el camino hacia la puerta de salida de J.D. acompañado de todas esas estrellas invitadas y personajes secundarios que enriquecieron Scrubs a lo largo de los años. A continuación, llega el montaje final, J.D. ve un posible futuro hecho de películas caseras, suena The Book of Love de Peter Gabriel. Es imposible no llorar con esta escena que aúna tristeza y felicidad. Tristeza por dejar atrás el Sacred Heart y ver marchar a J.D., y felicidad por ese maravilloso futuro que le espera. 


My Lunch (5x20) - My Fallen Idol (5x21)

Esta historia en dos partes es, quizás, la mejor de toda la serie. En el primer capítulo, J.D. se culpa por la muerta de una paciente que no le caía muy bien. El doctor Cox le ayuda a superar el bache y le hace ver que la muerte de esa mujer significa la vida para otros tres pacientes a los que les van a transplantar sus órganos. Sin embargo, la muerta tenía una enfermedad no diagnosticada y los tres pacientes de Cox acaban muriendo, algo que le afecta profundamente. 

La escena final, con The Fray de fondo, es intensa y magnífica. Cox trata de reanimar al último paciente que queda con vida. No tiene éxito. Ignorando el mismo consejo que al principio del capítulo le d  J.D, Cox sufre por los tres pacientes muertos y se culpa. 


El segundo capítulo se centra en un Cox devastado por la culpa y alejado del hospital. Todos los personajes intentan levantar su ánimo y alejarle de la autocompasión, todos menos J.D. que se siente traicionado por los actos de Cox. Al final, recapacita y va a visitarle para decirle cuanto le admira como médico. La escena, con John C. McGinley destrozado, bebiendo whisky mientras J.D. se sincera, brindando su amistad y apoyo a su mentor, es potente y está bien construida. 

Desde el primer episodio, la serie exporó la compleja relación mentor-aprendiz entre Cox y J.D. El primero podía parecer muy duro e inflexible con el novato pero cuando dejaba su armadura de superioridad y mal genio en la taquilla, se mostraba como un mentor preocupado y capaz que se esforzaba en endurecer a J.D. para la realidad de la medicina. La relación entre ellos nunca fue perfecta pero, en capítulos como My Fallen Idol, entendemos perfectamente la problemática a la que se enfrenta J.D. y lo mucho que alguien como Cox necesita hundirse para volver, con el tiempo, a navegar. 


Menciones especiales para My Porcelain God, My Last Words, My First Day, My Long Goodbye, My princess y My ABC's.

domingo, 31 de julio de 2016

La retirada del detective sueco

SPOILERS SOBRE LA CUARTA Y ÚLTIMA TEMPORADA DE WALLANDER

Doce episodios. Cuatro temporadas repartidas en ocho años. La cuarta y última, finalizada el pasado cinco de junio, pone punto y final al viaje de Kurt Wallander como personaje. Ha sido una despedida larga, articulada en tres episodios que, como siempre, rondan los 90 minutos de duración y se basan en los libros del desaparecido Henning Mankell.

Wallander es una serie fascinante ya no sólo por su aproximación a un personaje tan complejo como Kurt sino por su visión de la sociedad sueca, no tan pulcra y civilizada como nos empeñamos en creer, y por su excelente producción. La obra de Mankell se caracteriza por poner el foco sobre cuestiones sociales y políticas como el racismo, el tráficos de personas, la inmigración, los abusos sexuales ... Realidades muy crudas que remueven la conciencia del protagonista y que hurgan en las heridas abiertas de una Suecia que lucha por encontrar un equilibrio en un mundo cada vez más enloquecido.

La producción sigue siendo uno de los puntos fuerte de la serie. Wallander logra transmitir con precisión el estado mental y anímico del personaje a través de un atinado diseño de interiores (la pequeña casa de Kurt en el campo) y un buen uso de los impresionantes paisajes de Ystad (Suecia). La naturaleza salvaje del país ha estado presente en toda la serie desde el primer minuto, aquel campo de flores amarillas en el que una joven se quema a lo bonzo hasta la escena final. Pocas series han sabido sacar tanto partido a su entorno natural para transmitir el estado anímico y vital de sus personajes. El mar, el cielo, los grandes prados y campos de Ystad ayudan a entender las obsesiones y alegrías del detective, son un canal amplificado para su tenacidad, su compasión, su compromiso con la justicia, su determinación, sus miedos... no se puede entender la serie fuera de ese contexto de cielos y mares grises.

Adiós, Kurt

The White Lioness, ambientado en Sudáfrica; A Lesson in Love con el regreso de un amor del pasado y, por último, The Troubled Mann, con un misterio de espías; son los tres últimos casos que Kurt debe resolver. Esta vez, los tres capítulos están unidos por un hilo conductor: la enfermedad del protagonista. Kurt comienza perder la memoria, a tener lagunas, a mostrarse paranoico y, finalmente, se enfrenta a uno de sus mayores temores, terminar como su padre perdido dentro de sí mismo. Kurt tiene Alzheimer y su final, ligado irremediablemente a esta enfermedad es, en mi opinión, demasiado injusto. Tras una vida buscando los vínculos entre actos y/o hechos aparentemente sin conexión y resolviendo complejos rompecabezas, el silencioso detective se enfrenta a un futuro repleto de puzzles sin resolución, de realidades fragmentadas, de hilos de los que no podrá tirar.

Kenneth Brannagh, impecable como siempre en la piel del obsesivo y silencioso Wallander, realiza una interpretación laboriosa y complicada. El británico logra transmitir toda la confusión y el miedo, toda la frustración y desolación de Kurt ante un futuro tan incierto, un futuro que sabe amargo y doloroso ya no sólo para él, sino también para los suyos.

Kurt: I can’t explain at all. It’s a different thing. Sometimes I can’t…can’t even imagine where I was supposed to be. You kind of, kind of hit a wall. Yeah, you try and go through it but you can’t, so you try to go over it, try to go around it some other way, but you get…you get so anxious. You get anxious, you get angry. You know I just try to…I just try to think back to things that I-I-I know have happened. I think they must have happened. It’s just…it’s just that the pictures aren’t there anymore. It’s like a lot of things I’m solving…
Linda: Why didn’t you tell me? I’m your daughter.
Kurt: Because you’re my daughter. Because you’ve got a daughter of your own. Because I’m the son of a father who had this…
Linda: Well, let me decide. (Sigh.) It’s gonna be hard, but it is as it is. We just have to find a way to…(sigh)…
Kurt: I don’t want you to have to look after me.
Linda: I want to. I choose to.

Kurt se perderá, dejará de ser él y, finamente, morirá. Sin embargo, el espectador se despide del personaje en un escenario aparentemente feliz, con un Kurt sosegado disfrutando de su familia. No veremos la degradación, la pérdida de memoria, la devastación de la demencia. Nos quedamos con una imagen hermosa, con una playa y un mar salvajes


“¿Estás bien papá?” le pregunta Linda. “Sí, estoy bien”, sonríe Kurt. 


miércoles, 1 de junio de 2016

El noir sureño de los ochenta

Texas. Finales de los 80. Dos perdedores, amigos desde la infancia, son despedidos de su trabajo como temporeros recolectando rosas. Birras, calor, polvo. Hap (James Purefoy) y Leonard (Michael K. Williams) malviven y maldicen su suerte hasta que la ex mujer de Hap, Trudy (Christina Hendricks) aparece para plantearles una búsqueda del tesoro en la que todo parecen ser ventajas. 

Hap & Leonard es una miniserie de seis capítulos que adapta para televisión la saga literaria de Joe R. Lansdale. La propuesta es un noir con tintes tragicómicos que por momentos recuerda a Justified o Longmire pero que no logra brillar con igual intensidad. Hap & Leonard funciona, casi siempre, con el piloto automático puesto, quedándose a medio gas a la hora de desarrollar la historia de estos dos amigos metidos a cazatesoros. 

Puede que simplemente aspire a entretener y divertir al personal. Tal vez, en el futuro, si la historia continúa, podamos ver la evolución, espero que a mejor, del producto. Por ahora, tenemos una ficción pequeña, bien resuelta, bien presentada y con un dúo protagonista entrañable. Una serie sin pretensiones que juega bien sus cartas y que no busca engañar al espectador ni hacerse la inteligente. ¿Podría ser mejor? Sí pero lo que da es suficiente para pasar un buen rato.

Los personajes, su mejor baza


El gran atractivo de la serie es la relación entre Hap y Leonard, dos personajes muy diferentes con un sólido vínculo que les mantiene unidos a pesar de todo. La mayor parte del tiempo lo pasan bebiendo cerveza y lanzándose insultos pero se conocen y confían el uno en el otro. A lo largo de los seis capítulos conoceremos el origen de esa amistad y llegaremos a entender lo importantes que son el uno para el otro. Es gracias a la química entre Purefoy y Williams que la serie funciona. Entre bromas políticamente incorrectas, insultos, silencios, miradas y mucha naturalidad, los guionistas construyen una relación tangible y creíble, un pilar sólido que sustenta toda la historia y que ayuda a conocer mejor a los personajes. El Hap de Purefoy es un hombre encantador pero agotado, desencantado con lo que la vida le ha ofrecido y que, hasta cierto punto, mantiene algo de inocencia juvenil en su interior. Williams, el inolvidable Omar de The Wire, es uno de los principales atractivos de la serie. La furia de su Leonard, un exmarine gay y negro en el Texas de la década de los ochenta, es vibrante y reconfortante. Su carisma consigue mantener a flote los tramos más flojos y también, gracias a su mal genio, avivar momentos cómicos que relajan la tensión de ciertas escenas. 

Trudy me produce tristeza porque su vida carece de sentido sin una lucha pero todas las luchas que emprendió, fracasaron. En algún punto del camino se perdió a sí misma y el principio de su fin lo marca la muerte de un inocente pajarillo. Hendricks hace un estupendo trabajo con este personaje, consigue transmitir la decepción de una mujer que sabe que se ha equivocado demasiadas veces. Por desgracia, esta vez, vuelve a cometer los mismos errores -más graves incluso que los anteriores- y, aunque al final logra redimirse, su destino, como el de todas las femme fatale, está sellado de antemano. 

A mayores, Hap & Leonard cuenta con una pareja de asesinos en serie memorable, Soldier (Jimmi Simpson) y Angel (), dos seres extremos, excéntricos y muy peligrosos. Este dúo proporciona grandes dosis de emoción y diversión, tanto es así que consiguen robar la función a los protagonistas de la historia. Sin estos amantes de la estética punk y la música disco, la serie no sería ni tan amena ni tan intensa. Gracias a ellos, el tramo final es pura adrenalina. Lo que daría por ver un spin off de las aventuras gores de Soldier y Angel a través de Estados Unidos. 



La generación del desencanto

La serie despliega su historia con la calma de un río sinuoso atravesando una llanura, no tiene prisa en llegar al final, lo que quiere es mostrarnos cómo se relacionan los personajes en ese escenario sureño plagado de nostalgia y malas decisiones. A pesar de esa lentitud encuentro muy interesantes algunos de los temas que tratan; su reflexión sobre la amistad, el paso del tiempo, los ideales perdidos, la lealtad, el amor. También me fascina la lucha que se establece entre dos formas de entender la vida, entre el idealismo trasnochado y mal orientado de Trudy y su banda; y el hedonismo salvaje y brutal que representan Soldier y Angel. 

Casi todos los personajes pertenecen a la generación del desencanto. Hombres y mujeres a los que el sueño americano se les escurrió entre los dedos. La realidad se impuso; el idealismo de los 60 murió lentamente dando paso al cinismo consumista de los 80. El espíritu de igualdad, amor y libertad perdió frente al dinero y el corporativismo empresarial. Miles de jóvenes perdieron la vida y la inocencia en Vietnam. De los que regresaron, muchos no lograron readaptarse. Hap, Trudy, Leonard y algunos secundarios son miembros de esa generación que perdió la esperanza a golpe de bombardeos de napalm por televisión y escándalos presidenciales. En cierta manera creen, o necesitan creer, que merecen ese “tesoro” que buscan, que ese dinero será la solución a sus problemas y la llave para que sus sueños se cumplan. Pero la realidad es muy perra y más cuando tiene un martillo a su disposición.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails