domingo, 15 de enero de 2017

La sitcom clásica aún puede sorprender

Una comedia de situación multicámara con público en directo. Puede que al oír esas palabras desechéis la idea de darle una oportunidad a One Day At a Time y haréis mal porque, si dejamos nuestros prejuicios seriéfilos a un lado, encontraremos una comedia tan divertida como necesaria que no tiene miedo de hablar, y muy claro, sobre los problemas reales (millenials a mí) de nuestro tiempo. 

One Day At a Time es un remake de la serie la serie homónima de 1975 de Norman Lear, responsable de algunas de las series de mayor audiencia de la televisión, en su currículo encontramos títulos como All in the Family, Maude, The Jeffersons, Good Times... Lear es una leyenda viva de la televisión, un hombre que en los 70 introdujo las cuestiones sociales en las comedias de situación creando productos cuya influencia se ha dejado sentir durante las últimas cuatro décadas. Sus comedias son conocidas por tratar temas de actualidad desde el diálogo, el ingenio y la naturalidad. One Day at a Time recoge el testigo con valentía y se atreve a hablar abiertamente de temas como el machismo, la situación de los veteranos, el racismo, la integración cultural en Estados Unidos, la religión, la brecha generacional, las deportaciones y la sexualidad. Y los diálogos son ingeniosos, ricos y diversos, están tan repletos de recursos y sinceridad que es inevitable no sentirse arrastrada dentro de la dinámica familiar de los Álvarez. 

One Day At a Time se centra en una familia cubanoamericana encabezada por una enfermera recientemente separada, Penélope (Justina Machado), una mujer luchadora, veterana de la guerra (algo que le ha dejado secuela físicas y psicológicas), madre de dos hijos, vital, trabajadora y fan de Toni Braxton. Su madre, Lydia – interpretada por Rita Moreno – una suerte de Sofía Petrillo cubana, es un terremoto de 73 años, pasional, religiosa y con un carácter tan fuerte como el de su hija. 

La temporada se articula alrededor de la planificación de la quinceañera de Elena, la hija mayor de Penélope, una joven inteligente, fiel a sus principios y que se aleja del prototipo de adolescente odiosa tan extendido en los últimos años.

Las actrices lo son todo

Penélope es un personaje complejo y real, una mujer que trata de sacar adelante a su familia, que lidia con un exigente trabajo como enfermera, que sufre por sus experiencias en la guerra y que perdió a su marido debido a aquel infierno. Víctor, el ex, es un fantasma que planea sobre la familia durante toda la temporada hasta que aparece en los últimos capítulos para desestabilizar la rutina y felicidad de Penélope. Sin embargo, Víctor no es más que una víctima de un sistema que manda a personas a la guerra pero que no les ofrece un apoyo real cuando regresan. Hace poco escribía sobre el personaje de Edgar Quintero, un veterano que sufre de síndrome de estrés postraumático tal y como le sucede a Víctor, un hombre que se refugió en la bebida y las pastillas para aliviar su dolor, sus pesadillas. La historia de Penélope y Víctor es una mazazo emocional porque aunque el amor entre ambos es evidente, la negativa de él a buscar ayuda, su resistencia a asistir a terapia -tal y como hace ella- es un abismo insalvable que los separa para siempre. 

Por su parte, Lydia es un personaje que, aunque pueda parecerlo, no es un cliché ni un estereotipo, estamos ante un personaje tridimensional con claroscuros, sueños, dudas, pasiones y un pasado al que los guionistas saben sacarle partido. La historia del programa Pedro Pan por el cual salió de Cuba con 15 años, dejando atrás mucho más de lo que pensamos, transmite una tristeza insondable. Moreno, actriz versátil que todo lo puede, llena cada escena en la que aparece con una energía que ya quisieran para sí repartos completos de otras series.

La enorme química entre dos actrices tan experimentadas como Justina Machado y Rita Moreno (esta mujer tiene un EGOT, un respeto) las convierte en uno de los mejores exponentes de relación madre-hija de la pequeña pantalla. ¡Ríete tú de las Gilmore!. Los mejores momentos de la serie suceden cuando las mujeres Álvarez entran en conflicto ya sea por la quinceañera de Elena, por la búsqueda de respeto y comprensión en el seno de la familia o por la situación de la amiga de Elena, la gótica Carmen. Tambin es muy divertido verlas metiéndose con Schneider, el casero hipster que es como un quinto miembro de la familia. 

Los orígenes cubanos de las Álvarez están muy presentes. Los personajes suelen intercalan frases en español cuando hablan, escuchan a Celia Cruz, bailan, montan en cólera ante la camiseta del Che de su vecino.... Lydia es historia viva cuando recuerda su pasado en la isla y cómo llegó a los Estados Unidos sin saber inglés ni saber si podría regresar algún día a su hogar. La perspectiva de la inmigración está muy presente durante la temporada aportando un trasfondo político y social que pocas sitcom suelen tener. 

La reinvención de lo clásico

Puede que One Day At a Time no invente nada nuevo, que no revolucione la forma de hacer televisión pero si que resulta revolucionaria por darle voz a colectivos que suelen estar estigmatizados abriendo, aún más, el abanico de la diversidad televisiva y por, desde el clasicismo, hacer una obra que nada tiene que envidiar a formatos más arriesgados o novedosos. Y es que, a pesar de que se basa en parámetros muy clásicos, la serie sobresale por la calidad de su guión y por un reparto excepcional con menciones especiales para Justina Machado y Rita Moreno. Contra lo que muchos esperaban, estamos ante un producto con encanto, con personalidad, con interés que refugiándose en terreno conocido establece la base para una comedia familiar realista. 

Los 13 capítulos que componen esta primera temporada producida por Mike Royce, Gloria Calderón Kellett, Michael García, y Norman Lear, son un soplo de aire fresco en lo que a sitcoms se refiere. Pocas comedias de situación actuales tienen tanto corazón, humor y profundidad como One Day At a Time. Aplaudir a los responsables porque coger un producto televisivo de hace 40 años y adaptarlo a nuestros tiempos, a nuestro estado de ánimo, a nuestra realidad con frescura y acierto no es tarea fácil pero esta vez han dado en el clavo.

Netflix tiene entre manos una serie que, bien manejada, puede darle muchas alegrías. ¿Quién se resiste a no nominar a Rita Moreno a algo? Seguro que el año que viene la vemos en la temporada de premios. 

lunes, 9 de enero de 2017

La scooby gang del cazador de trolls

Estos días he estado devorando Trollhunters, la serie animada de Guillermo del Toro,  una propuesta divertida con personajes entrañables y con un universo rico y extenso que invita al espectador a quedarse. La primera temporada de 26 capítulos está disponible al completo en Netflix.

La historia nos presenta a Jim Lake Jr, un quinceañero de lo más normal que es elegido por un amuleto mágico para ser el trollhunter que da título a la serie. La misión del cazador de trolls es proteger el Mercado de los Trolls (su ciudad) y a sus habitantes, y mantener el equilibrio entre el mundo de los humanos y de los trolls. Lo curioso es que durante generaciones el amuleto en cuestión había elegido a trolls para la tarea, Jim es el primer humano que porta la armadura y la espada del Trollhunter, un honor y una responsabilidad que le viene grande al chaval. Jim tendrá que aprender a ser un héroe, una tarea nada sencilla. 

El viaje del héroe, por lo general, no es un viaje solitario. Siempre hay un grupo de seguidores que le ayudan en su titánica tarea, un grupo versátil conformado por personajes con diferentes habilidades y cualidades, vitales para el funcionamiento del equipo que trabaja con/para/junto al héroe. La scooby-gang de Buffy The Vampire Slayer podría considerarse el paradigma de lo que el grupo de apoyo del héroe, heroína en este caso, es. En la scooby gang cada personaje tiene un rol y una relación única con el héroe; sus acciones y reacciones están siempre encaminadas a conseguir que el protagonista logre su objetivo y a facilitarle el camino hacia el éxito. Sin embargo, entre los miembros también se establecen relaciones que enriquecen al conjunto y que ayudan a la evolución de los personajes. Volviendo a Buffy (siempre podemos confiar en la obra de Whedon), podemos tomar como ejemplo el capítulo The Yoko Factor, la presencia de Spike en el grupo afecta a su dinámica rompiendo su armonía, el vampiro actúa como elemento desestabilizador. Por separado, la scooby gang fracasa pero unida, vence. Las relaciones dentro del grupo deben cuidarse o terminan rompiéndose con dramáticas consecuencias. 

En Trollhunters, el héroe no está sólo, Jim cuenta con la inestimable ayuda de una scooby gang encabezada por Tobias 'Toby' Domzalski, amigo de la infancia y divertido Sancho Panza de esta historia. Toby es el Xander de la serie, un personaje divertido, amable y bastante torpón que sorprende por su valentía y bravura, por su sensibilidad y empatía. Un personaje pequeño y regordete que es mucho más de lo que parece. Tobías no duda en acompañar a Jim a las misiones más peligrosas sin preocuparse nunca por su propia seguridad, tan enfrascado está en la magia del viaje que nunca piensa en las consecuencias.

Claire Núñez, interés romántico del protagonista, pasa la primera parte de la temporada en la ignorancia. Sin embargo, su incorporación a la scooby gang es un soplo de aire fresco para el funcionamiento del grupo y la salva de pasar toda una temporada sufriendo el efecto Iris o Laurel (la CW maltrató a estes personajes durante demasiado tiempo). 

La parte troll de la scooby gang la forman Aaarrrgghh y Blinky. El primero es un enorme troll pacifista, parco en palabras, todo bondad y buenas maneras. Un personaje del que es imposible no enamorarse y que en seguida hace buenas migas con Toby, su compinche, dando lugar a una de las relaciones más tiernas de la serie. Blinky, por su parte, es el entrenador y guía del Trollhunter en su misión. Un troll erudito y educado capaz de ver todo el potencial de Jim como persona y trollhunter. Un Giles con forma de troll que incluso vive una trama similar a la que el vigilante de Buffy sufrió en A New Man, si en aquella ocasión Giles se convertía en un monstruo, aquí es Blinky el que se convierte en un hombre durante varios episodios. El arquetipo del mentor juega un importante rol en todas las scooby gang, Buffy no podría entenderse sin Giles, vigilante de Buffy y mentor de todos los jóvenes del grupo que, con el tiempo, se erigió en figura paterna de Buffy, papel que el bibliotecario asumió con reticencias al principio pero que consolidó su relación con su cazadora y con el resto del grupo. 

Trollhunters se desarrolla sin grandes sorpresas siguiendo el predecible camino del héroe. Jim se enfrentará a los típicos problemas de la adolescencia, a una madre que comienza a sospechar de su comportamiento, a la traición de alguien cercano, al típico matón de instituto y al amor por una chica popular que, gracias a Dios, no es la típica damisela en apuros. A pesar del uso y abuso de lugares comunes, Trollhunter consigue entusiasmar por su visión del mundo troll, los adorables gnomo Chompsky y cambiaformas NoEnrique, una imaginaría visual riquísima y un reparto de voces (en su versión original) efectivo. La serie fue uno de los útimos trabajos de Anton Yelchin, antes de su muerte  puso voz al protagonista de esta historia en la que también encontramos a Kelsey Grammer (Blinky), Tom Hiddleston (Knajigar), Steven Yeun (Steve), Ron Perlman (Bular) o Clancy Brown (Gunmar). 

Disfruté mucho con la primera parte de la serie hasta el enfrentamiento con Bular en The Battle of Two Bridges (1x13), el segundo tramo de la temporada, con Angor Rot y la búsqueda de las tres gemas, no me resultó tan entretenido de ver y, por momentos, la serie acusó cierto estancamiento y repetición de esquemas e ideas. Aún así, es una primera entrega muy disfrutable que encantará a los más pequeños de la casa y a aquellos adultos que sepan disfrutar de la ligereza y la acción que marcan el patrón de Trollhunters desde su piloto. 

Sin llegar a las cotas de complejidad argumental de Legend of Korra o al derroche de imaginación de la magnífica Gravity Falls, Trollhunters es una serie que pese a sus fallos consigue entretener al espectador. Sin embargo, de cara a una segunda entrega estaría bien arriesgar temáticamente y alejarse de los lugares comunes para explorar nuevas facetas del héroe y su scooby gang. La serie necesita crecer y explorar cuestiones y lugares más complejos, más oscuros, más adultos.

domingo, 8 de enero de 2017

El capítulo de Edgar Quintero

The Zeppo es uno de los capítulos de Buffy The Vampire Slayer más entrañables, divertidos y sorprendentes de la serie. Por primera vez, la trama se centra en Xander, personaje secundario que vive su propia aventura repleta de emoción, sexo y humor. Gracias a este acercamiento a Xander se nos muestra la serie desde una perspectiva totalmente diferente y fresca. Muchas series han hecho lo mismo a lo largo de los años, centrar un episodio en un personaje no principal no sólo para dar más cancha a los secundarios sino también para ampliar y explorar su propio universo. 

You’re The Worst, una de las comedias más salvajemente divertidas e irreverentes en emisión, hizo lo mismo en el quinto capítulo de su tercera temporada, Twenty-Two fue uno de los episodios más redondos del año pasado, un capítulo tan necesario como inesperado que me persiguió durante días. Un capítulo arriesgado que me hizo reír y llorar. 

El capítulo se centra en Edgar Quintero, veterano de la guerra de Iraq que sufre de trastorno de estrés postraumático. Durante tres años hemos visto a los demás personajes (lo peor) burlarse de él por su pasado militar, por sus problemas emocionales y por su necesidad de medicación para sobrellevar el día a día. Por primera vez, la serie pone el foco sobre Edgar y nos hace ver el mundo a través de su mirada, de su trauma, de su miedo. El título del capítulo es toda una declaración de intenciones, 22 es el número de veteranos que cada día se suicidan en los Estados Unidos. Cifra macabra, trágico destino que ronda a Edgar a lo largo de los mejores 25 minutos que ha dado la serie de Stephen Falk. 

El trastorno de estrés postraumático es un problema complejo que pocas veces se ha tratado correctamente en la pequeña pantalla pero vivimos en una época donde las pequeñas series – y digo pequeñas por la duración de sus capítulos- están haciendo un excelente trabajo a la hora de tratar temas complejos, situaciones difíciles y/o problemas sociales. Tenemos un buen puñado de ejemplos: Fleabag, Bojack Horseman, One Mississippi, Better Things, Transparent.... Estas series aciertan a la hora de hablar sobre experiencias personales dolorosas e intensas, no caen en el cliché o en el amarillismo, no recurren a la lágrima fácil; golpean emocionalmente al espectador dejándole noqueado durante un tiempo para que asimile lo que acaba de ver, de experimentar. 

Twenty-Two se adentra en cuestiones importantes como las enfermedades mentales, el trauma de los veteranos y los derechos de esas personas cuando regresan a unas vidas en las que ya no encajan. ¿Qué hacemos con ellos? 

La mirada de Edgar

La espiral descendente de Edgar ya se adivinaba desde los primeros compases de la temporada cuando el personaje decide prescindir de la medicación, sólo era cuestión de tiempo que tuviese una crisis. Hay que reconocer que Falk, guionista y director del capítulo, supo captar con admirable precisión los problemas psicológicos que afronta Edgar. Por primera vez la serie explora su enfermedad con detalle y cuidado. El capítulo sigue a un hombre al borde del colapso mental, un hombre con dificultades serias para desenvolverse en el día a día, para conectar con las personas, para tener una relación, para transitar por las bulliciosas calles de una gran ciudad. Un hombre que se encoge ante los ruidos, que se siente perseguido y observado, que pierde – de cuando en cuando – la conexión con la realidad, que vive un sufrimiento constante y desmoralizador que nadie comprende

Ver a Edgar en un rincón de su habitación, acurrucado y aterrorizado, es doloroso. Es imposible no sentir empatía por un personaje tan amable y conmovedor. Es desgarrador verle perder los papeles en la oficina de las asociación de veteranos. Y por un momento temí que acabara debajo de un camión en la autopista cuando, totalmente hundido, se deja llevar por los pensamientos más oscuros. Edgar sopesa el suicidio, su situación es tan precaria que parece a punto de darse por vencido pero entonces algo capta su atención, un pequeño barco de papel que, durante un momento, le recuerda que la vida, por muy jodida que sea, está llena de belleza. Esta escena me recordó a American Beauty y su "Sometimes there's so much beauty in the world, I feel like I can't take it, and my heart is just going to cave in."

El final del capítulo reúne a Edgar con un conductor que también combatió en la guerra, un veterano que le entiende y que se compadece de su situación. La conversación que mantienen en el camión abre los ojos del personaje a la esperanza, tiene que averiguar qué funciona con él, a unos les funciona el yoga, la caza, tener un perro, apuñalar un armario... cada uno tiene que encontrar la manera de navegar por la vida, no pueden esperar a que alguien venga a ayudarles, nadie va a hacerlo. 
"I know you don’t want to hear this, but the minute you stop looking for someone else to cure you maybe you start living again."
Es imposible no querer a Edgar, es adorable, leal y valiente. Y por eso el final, con un Edgar sonriendo, sabiendo que hay esperanza, sabiendo que no está solo, es tan luminoso, vibrante y necesario.

No sabíamos que necesitábamos un capítulo centrado en Edgar hasta que nos lo dieron. Desmin Borges está fantástico transmitiendo el amplio abanico de emociones del personaje: miedo, rabia, desesperación, esperanza, paranoia, vulnerabilidad. 

Tenemos que alabar también el sonido del capítulo pues para entender parte del trauma de Edgar el sonido juega un importante papel, durante parte del capítulo se escucha un zumbido desestabilizador que dispara la ansiedad del personaje, hay momentos en los que el sonido se acerca y se aleja para dar cuenta del estado de aislamiento de Edgar, los estallidos le ponen alerta buscando con mirada preocupada la fuente de los disparos... sencillo pero fantástico. 

Tengo que admitir que durante los cuatro primeros capítulos de esta tercera temporada me preocupó, y mucho, el camino que estaba tomando la serie. Todos parecían mucho peores y las tramas no acababan de engancharme. Además, en el cuarto episodio, Gretchen y Jimmy tratan tan mal a Edgar que a punto estuve de abandonar You’re The Worst. Sin embargo, el quinto capítulo me hizo recuperar la esperanza en la serie y los demás capítulos confirmaron que Twenty-Two no era un espejismo. Salvo por la trama de Lindsey (la peor de este año) el resto de tramas comenzaron a crecer a partir del 3x06 para llevarnos a un final de temporada con fuegos artificiales que deja a los personajes en nuevas casillas emocionales y vitales.

lunes, 2 de enero de 2017

Ash, Kelly y el productor entrometido

SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE ASH VS EVIL DEAD

¿Qué os ha parecido el final de la segunda temporada de Ash vs Evil Dead? ¿Tuvisteis la sensación de que faltaban cosas y de que había otras que no encajaban? Yo sí. No entendía por qué el tramo final de la serie no casaba bien con todo lo visto hasta el genial Ashy Slashy (2x08). En la season finale sentí que todo estaba desconectado y lo cierto es que lo estaba como descubrí cuando leí la entrevista a Craig DiGregorio en The A.V. Club. 

DiGregorio, showrunner de Ash vs Evil Dead, guionista y director de varios capítulos explicaba que abandonó el proyecto debido a diferencias creativas y explicaba que SU final era mucho mejor, más lógico y más en consonancia con la historia, que el que pudimos ver los seguidores en pantalla. Según DiGregorio, en su final se descubre que, viaje en el tiempo mediante, Ash es el padre de Kelly. Así que esa sensación de desconexión entre la temporada y la season finale no era cosa mía sino fruto de las diferencias creativas en el set de rodaje. DiGregorio argumenta en la entrevista que las diferencias con el productor Robert Tapert interferían en su trabajo ya que, creativamente hablando, no se compenetraban. Tapert es dueño de una parte de la propiedad de Evil Dead y, llegado un momento, sus interferencias sobre cómo tenía que ser la serie fueron un obstáculo demasiado grande para DiGregorio que optó por marcharse. 

Según la entrevista, el final de temporada que vimos no era lo que DiGregorio quería y admite que ahí fue la primera vez que pensó que el tira y afloja creativo había afectado negativamente al producto final. Robarnos la bomba de que Ash es el padre de Kelly es algo indigno para los creativos y más si tenemos en cuenta que no era un giro loco sino una trama pensada y desarrollada a lo largo de toda la temporada. Tal y como dice DiGregorio en la entrevista “la realidad es que, a veces, los fans pierden debido a las luchas de poder y esto es lo que ha pasado en este caso”. 


Así que un productor entrometido nos fastidió una buena historia. La épica temporada que llega a su mejor momento en Ashy Slashy se derrumba con un final carente de fuerza, sin la energía de aquel estupendo The Dark One (1x10), y apostando por devolver la historia a un cauce de sobra conocido. En resumen, nos han devuelto al mismo punto y nos han robado un final que prometía ser épico.

Hasta esa season finale espuria, la serie había demostrado que lo del primer año no fue un espejismo, este año Ash vs Evil Dead destacó como una entretenidísima combinación de gore, vísceras, humor grueso, personajes alocados y deadites. Jugaron a ganar trayéndonos ciudades oscuras, relaciones familiares rotas, psiquiátricos abandonados, cabañas infernales, amores del pasado y nostalgia, raudales de nostalgia que van desde la aparición de Cheryl (la hermana muerta de Ash) hasta ese viaje a los ochenta pasando por la siempre necesaria presencia de Ted Raimi.

El ritmo vertiginoso y las muertes creativas han estado a la orden del día, quemar trama y dar al público lo que quiere (Campbell en estado puro y sangre a borbotones) está bien para mantener una temporada pero ir más allá dando entidad y sentido a Pablo y Kelly, adentrándose en la mitología de Evil Dead con descaro y sin pudor pero siempre desde el respeto a una institución cinematográfica no es fácil y todo se fastidia al final por culpa de Second Coming (2x10), un capítulo que dinamita el alma de la serie. Sin DiGregorio no sé que esperar de la tercera entrega de la serie. Si él fue el responsable de esa maravillosa locura y de la pelea Campbell-colon ¿qué pasará ahora que su genialidad se va a otra parte? La pelota está en el tejado de Mark Verheiden, productor de Battlestar Galactica y Daredevil. En una entrevista explicó que no quería repetirse y que están explorando diferentes maneras de hacer interactuar a los personajes. Tal vez introduzcan nuevas caras pero nada se sabe por ahora.

Lo peor es saber que la trama de Kelly no avanza. Durante varios capítulos parecía que su arco nos iba a llevar hacia algo grande (así era) pero la pobre sigue siendo la sidekick de Ash. Una lástima porque el personaje ha crecido, madurado, se ha hecho fuerte, y su valía supera a la del propio Ash, cosa que Ruby le recuerda en más de una ocasión. Por cierto, que poco juego le han dado a la exdemonio esta temporada, explorar su nueva situación como mortal hubiese sido interesante de ver. Las escenas que comparte con Kelly valen su peso en oro, la relación mentora-pupila que se establece entre ambas a lo largo de la temporada las hace más interesantes para el espectador. Creo que sería maravilloso un spin-off con estas dos mujeres pateando deadites y compartiendo chupitos de tequila.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Las aventuras de Dirk y Todd

Dirk Gently, agencia de investigaciones holísticas, producción de BBC America, podría definirse como Doctor Who conoce a Sherlock Holmes. La historia se centra en las andanzas de Dirk Gently, estupendo Samuel Barnett, un detective holístico que resuelve casos sin investigar, simplemente dejándose llevar por sus impulsos y corazonadas ya que, según él, todo el universo está conectado. Le acompaña en sus andanzas una suerte de Watson/companion interpretado por Elijah Wood quien, a estas alturas de su carrera, parece especializado en personajes anodinos a los que las circunstancias empujan a delirantes y fantásticas aventuras. 

Estamos ante el segundo intento de trasladar la obra literaria de Douglas Adams, escritor imprevisible e irreverente, amante de la ciencia ficción y el humor, a la pequeña pantalla. Max Landis es el responsable de este proyecto y el resultado es muy superior a la anterior intentona británica. Dirk Gently, agencia de investigaciones holísticas, logra trasladar a la pantalla la inspirada mezcla de ciencia ficción y humor presente en la obra de Adams. Y aunque Landis haga una reinterpretación de la obra que puede espantar a los puristas de Adams, lo cierto es que logra componer un producto televisivo que, para bien o para mal, no deja a nadie indiferente. 

Dirk Gently es la explosión colorista y sangrienta que necesitaba para finiquitar el año seriéfilo, una serie acelerada, amena y singular que despliega un encanto especial a lo largo de sus ocho episodios. 

El caso que investiga Dirk desafía la lógica y la razón; a veces, incluso el tiempo y el espacio. Y es que la técnica de dejar que sea el universo el que guíe la investigación se antoja demasiado exótica. Sin embargo, la primera temporada ha sabido recrear la locura intrínseca del libro sin perder ritmo ni resultar demasiado enrevesada. Difícil tarea, por cierto, ya que las aventuras de Dirk y su Sancho (Todd) pueden resultar demasiado complejas para el espectador menos atento. Además, si la ciencia ficción no es lo tuyo, si no disfrutas con las rarezas, la locura, los bucles narrativos, las vueltas de tuerca, las sorpresas y los personajes más bien raritos, Dirk Gently no es para ti. Huye. Pero si todo lo anteriormente mencionado te gusta, añádele un Corgi, un gatito negro, una secta de intercambiadores de almas, dos policías que no tienen muy claro qué está pasando, una vieja gloria del rock desaparecida, una cazadora color mostaza y un militar no muy espabilado que abre nuevas vías argumentales de cara a la segunda temporada. ¿Quieres más?

Pues bien, una de las cosas que más me sorprendió de esta serie fue su violencia, no esperaba tal orgía de disparos y sangre en una serie con un tono tan humorístico. Esa violencia, extrema en algunos momentos, le resta ligereza al conjunto y propone al espectador una redefinición constante del producto. Dirk Gently es una comedia muy negra con dosis de ciencia ficción y parte de buddy movie. El refrito de generos no empacha, están bien combinados. Puede que los consumidores de ciencia ficción televisiva encuentren muchas similitudes entre esta serie y Doctor Who (la era Smith), Red Dwarf, Sherlock; pero a pesar de esas similitudes, Dirk Gently es un producto con una identidad muy definida y disfrutable, que conoce las reglas del juego y las deforma, lo justo y necesario, como para amoldarlas a los requerimientos de su trama y al desarrollo de sus personajes; personajes que, por otro lado, resultan tremendamente entretenidos en su locura y creíbles en sus motivaciones. 

La conexión con Doctor Who va más allá de la apariencia y el comportamiento de Gently y es que a finales de la década de los 70, Adams trabajó como guionista en la mítica serie de la BBC. De aquellos trabajos para el Doctah surgió el germen de este personaje.

Un buen reparto bien aprovechado

Samuel Barnett, a quien recordaba por su papel de Renfield en la tercera entrega de Penny Dreadful, derrocha energía y optimismo en la piel de Dirk Gently. Un peculiar detective que nunca para de hablar ni de acercarse demasiado al peligro y que, detrás de esa sonrisa alucinada, esconde un alma solitaria necesitada de cariño. Barnett compone un Gently perfecto en su delirio holístico y entrañable en su vulnerabilidad. 

Elijah Wood hace años que dejó la Tierra Media y se metió de lleno en proyectos extraños, recordemos Wilfred donde hablaba con un hombre vestido de perro (esto es simplificar mucho una serie muy recomendable) o su paso por películas como Everything Is Illuminated u Open Windows. Aquí interpreta a Todd, un botones que acaba siendo el sidekick, muy a su pesar, de Dirk. Y aunque al principio se resiste, esa locura constante que es la compañía de Dirk, es el revulsivo que necesita para poner en orden su vida, aunque para eso tenga que hacer frente a verdades dolorosas. 

Entre los secundarios, el siempre solvente Richard Schiff como uno de los policías que investiga la desaparición de una joven millonaria o Miguel Sandoval (Medium) en la piel de un militar que forma parte del pasado de Dirk. Especial mención para Fiona Dourif como Bart, una asesina holística que es, de lejos, uno de los personajes más salvajemente divertidos de la serie y de toda la temporada televisiva. 

La primera entrega de la serie es un rompecabezas narrativo desconcertante que mantiene el interés del espectador de principio a fin. Una montaña rusa a la que subirse con emoción y una sonrisa, con una mirada iluminada por un ápice de locura. Sin eso, no disfrutarás ni entrarás en el mundo de Dirk y Todd.

sábado, 8 de octubre de 2016

Flashpoint, las consecuencias de jugar con el tiempo


SPOILERS DEL 3X01 DE THE FLASH

Barry: You know what I need you to do.
Thawne: Yeah, but I want to hear you say it.
Barry: I need you to kill my mother
Thawne: With pleasure
Barry: I hate you.
Thawne: And I hate you. But I sometimes wonder which of us is right

La segunda temporada de The Flash se despidió con un cliffhanger enorme, Barry Allen comete la osadía de viajar atrás en el tiempo y salvar a su madre. Este acto es el punto de partida de uno de los cómics más famosos de la reciente historia del personaje, Flashpoint, una historia que allanó el camino para The New 52. El cómic publicado en 2011 fue escrito por Geoff Johns y dibujado por Andy Kubert, en él se presenta un mundo que sufre las catastróficas consecuencias de una guerra entre Aquaman y Wonder Woman, y en el que la mayor parte de los superhéroes no existen. Flashpoint es la base que usan Berlanti y su equipo para dar forma a la nueva temporada del velocista escarlata. 

Como seguidora de la serie me cuesta conciliar el final de la segunda temporada de The Flash con el emocionante final de su primer año.  En aquella ocasión Barry dejaba morir a su madre porque sabía que era lo correcto, sabía que no debía inmiscuirse en la línea temporal. Ese acto de madurez, ese sacrificio personal, fue fundamental para cimentar su personalidad como héroe y marcó su camino durante la segunda entrega, por eso es difícil comprender por qué salva a Nora en The Race of His Life

Durante la segunda temporada los guionistas decidieron que Barry debía sufrir, y mucho. El joven héroe pasó de tener cierto control sobre su vida y sus poderes a hundirse en la desesperación en su lucha contra Zoom, un villano que no sólo le fastidió la posibilidad de ser feliz con Patty sino que también le arrebató su velocidad, su confianza y a su padre. Puede que Barry sintiese que el universo le debía algo por tanto sufrimiento, por tanta pérdida y por eso decidió, en un arrebato de egoísmo, reescribir la historia a voluntad. 

Las consecuencias se traducen en enormes cambios en sus relaciones personales. Cierto que puede disfrutar de la compañía de sus padres y verlos juntos y ser feliz pero no tiene contacto con nadie de su línea temporal. Sus relaciones con Joe, Iris, Cisco y Caitlin son inexistentes haciendo menos rica y emocionante su vida. Cisco ahora es un arrogante millonario, Caitlin trabaja como oftalmóloga pediatra, Joe es un alcohólico, Iris no se habla con su padre. Además, en esta nueva línea temporal, Barry no se dedica a correr por Central City salvando vidas, dejando esa pesada carga para Kid Flash, Wally West.

Aunque en principio vemos a un Barry feliz, satisfecho y en paz pronto esa armadura de confianza y serenidad comienza a resquebrajarse no sólo por la voz de Eobard Thawne resonando en su cabeza, sino también por la ausencia de aquellos que le han ayudado a ser quien es. 

El capítulo apuesta por un enfoque intimista y personal del conflicto temporal creado por Barry, quien pronto comprenderá que no puede manipular el tiempo en beneficio propio porque su felicidad no puede estar por encima de la felicidad de los demás. El héroe debe entender que hay cosas más importantes que sus deseos, que sus necesidades; ser Flash es algo más que ayudar a los demás, significa sacrificio, significa abnegación, significa integridad. Barry ya ha cometido varios errores como Flash, errores que han conformado su carácter y su manera de entender su papel como héroe pero, a estas alturas, ya debería saber que trastear con la línea temporal tiene consecuencias imprevisibles. 

Lo cierto es que me hubiese gustado ver un poco más de esa nueva línea temporal, el conflicto se resuelve en un sólo capítulo demasiado centrado en Barry. Hubiese sido interesante ver a los demás personajes interactuar entre sí y darles más cancha a los actores para explorar esas nuevas identidades. El viaje emocional del joven Allen me parece demasiado precipitado, creo que su cambio de parecer, el asumir que Eobard debe matar a su madre, debería haberse desarrollado a lo largo de varios capítulos porque así, esa dolorosa petición, tendría mayor impacto. 

Es evidente que Flashpoint tendrá repercusiones importantes, el devenir de la temporada viene marcado por los acontecimientos derivados de la alteración temporal: Iris y Joe no se hablan, Cisco tiene problemas personales, Caitlin parece que comienza a desarrollar los poderes de Killer Frost, Wally no es Kid Flash (fue divertido verle con el traje) y tendremos una nueva versión de Wells con la que Tom Cavanagh podrá entretenernos otro año más. Lo que aún está por ver es si este punto de inflexión tendrá impacto en las líneas temporales de las otras series de superhéroes de la cadena. Todas ellas (Arrow, Legends of Tomorrow, The Flash y Supergirl) compartirán este año un crossover a cuatro bandas y es probable que en sus tramas se dejen ver pequeños cambios relacionados con las acciones de Barry.

Como apunte final, decir que a estas alturas de la serie creo que los guionistas han dejado claro que la muerte de Nora no puede, no debe, cambiarse. Hemos vuelto a esa noche, a ese salón, demasiadas veces, sinceramente creo que ha llegado el momento de dejar de jugar con esa idea porque comienza a ser demasiado repetitiva. En cualquier momento el grupo de Rip Hunter aparecerá por allí para impedir que una versión del futuro Flash detenga el asesinato. Ya está bien de tanto fetichismo alrededor de Nora y su muerte, lo hecho, hecho está.

miércoles, 5 de octubre de 2016

El orgullo del viejo oeste

Volvemos al condado de Absaroka donde parece que el tiempo se ha detenido por puro capricho, donde todo se hace igual que antes, donde la ley la impone -a su manera- el sheriff. Sin embargo, las cosas están cambiando en el condado, el casino atrae a grandes promotores inmobiliarios y a la mafia irlandesa. El lugar se llena de drogas y prostitución mientras que el sheriff yace en el hospital tras ser tiroteado en su casa con su propia escopeta. Las cosas están cambiando en Absaroka, para bien o para mal, y Walt Longmire intenta, sin éxito, frenar eso que algunos llaman progreso. 

La quinta temporada de Longmire puede considerarse de transición hacia lo que espero sea una apoteósica y épica sexta temporada. Mientras profundizaban en los vínculos que unen (o separan) a los personajes, los diez episodios de esta entrega han plantado las semillas de tramas que acabarán de madurar el próximo año. Walt, cegado por el orgullo y por un mal entendido concepto del honor, se ha quedado sólo. Su obsesión con Nighthorse, su impulsividad, su manera de hacer y ver las cosas, le han pasado factura: Cady ya no confía en él, se ha peleado con Henry, está a punto de perder su empleo y nadie en el ayuntamiento le apoya. Es su momento más bajo y, para colmo, puede perder algo más que su trabajo, puede perder esa cabaña en medio de la inmensidad de Wyoming que simboliza su libertad e individualidad. 

La sexta temporada, aún por confirmar, huele a cierre, a despedida. En su momento, Netflix recogió un procedimental con carácter y apostó por transformarlo en una historia épica sobre un hombre que tendría que haber nacido hace 200 años. La jugada fue arriesgada pero los fans estamos más que encantados con el resultado. Aunque sigue manteniendo la fórmula de los casos episódicos, se ha trabajado muy duro en la serialización de la serie y en la evolución de sus personajes; un ejemplo sería Ferg, ese secundario simpático que servía de desahogo cómico ha tenido un viaje personal consistente e interesante que le permitió ser el eje de uno de los mejores capítulos de la temporada, Pure Peckinpah (5x05). 

La única pega que le pongo a la temporada es la duración de los episodios. Netflix suelta alegremente capítulos que oscilan entre los 50 o los 70 minutos sin orden ni concierto, algunos capítulos hubiesen mejorado con algo menos de metraje. 

El carácter de Absaroka

Todos los personajes han tenido arcos deslumbrantes y complejos, arcos que les han llevado a crecer en solitario ante el espectador atento. Cady se ha independizado, ha sufrido y se ha sacrificado por un trabajo que cree importante ganándose, con ello, la aceptación de la gente de la reserva. Henry ha intentado hacer lo correcto en todo momento pero su relación con Walt se ha resentido. Vic se ha enfrentado a su particular demonio y puesto algo de orden en su vida. 

La historia de Walt se desarrolla en tres frentes: la demanda legal, su relación con Donna y su enfrentamiento con la mafia irlandesa que opera en Absaroka atraída por el dinero fácil del casino de Jacob Nighthorse. El solemne y tranquilo Walt se viene abajo, su imagen pública está por los suelos y hasta sus enemigos se atreven a retarle seguros de la victoria. Siendo honestos, Walt ha cavado su propia tumba. Durante cuatro años, Longmire ha cocinado a fuego lento el rencor de Walt hacia Jacob Nighthorse, y este año, ese rencor se ha traducido en una obsesión que le ha llevado ante el botón de autodestrucción. Humanizar al sheriff ha sido un acierto, verlo como un hombre con defectos, emociones y problemas lo acerca más a la tierra y nos da otra perspectiva del personaje. 

Cady, por fin, ha tenido un arco interesante, a la altura de su importancia dentro de la serie. Ya era hora de que el personaje pudiese demostrar su valía; su trabajo en la reserva, el tiroteo en su casa y su relación con Nighthorse nos han mostrado la versatilidad de Cassidy Freeman como actriz y todo el potencial de un personaje que, hasta el momento, siempre había estado al servicio de la historia de Walt. Que conste que yo sigo emperrada en emparejar a Cady con Henry pero los guionistas no me hacen caso.

Una de las mayores virtudes de esta temporada ha sido constatar que tanto Nighthorse como Mathias no son personajes planos ni villanos de cartón piedra sino que son seres complejos, con motivaciones mucho más sugestivas de lo que parecían en un principio. Personajes que se mueven en un mundo de grises que abre y explora propuestas narrativas y evolutivas de gran calado. 

Este años todos os hilos temáticos se han entretejido de madera satisfactoria evidenciando que estamos ante una serie madura y compleja que sabe muy bien qué quiere contar y cómo quiere hacerlo. El final de temporada, con todas las tramas precipitándose hacia un punto de no retorno que deja a los personajes indefensos ante la virulencia de los acontecimientos, es una gozada para el seguidor de Longmire que sabe, que espera, que necesita, una puntada final para completar el tapiz del condado de Absaroka.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Salvar la galaxia es harto complicado

SPOILERS DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE DARK MATTER 

Reconozco que me costó entrar en el universo propuesto por Dark Matter, no fue hasta el quinto capítulo de la primera temporada cuando esta space opera logró captar mi atención, desde entonces me declaro fan incondicional de la tripulación de la Raza. La serie, creada por Joseph Mallozzi y Paul Mullie, se basa en el cómico homónimo publicado por Dark Horse Comiscs. La premisa es simple, seis personas se despiertan en una nave especial sin saber cómo han llegado hasta allí ni quiénes son. Sus recuerdos han sido borrados y tienen por delante la difícil tarea de averiguar quienes son y quién es el responsable de su amnesia. La nave en la que despiertan es la Raza que cuenta con un androide de apoyo que poco a poco se va desvelando como algo más que un amasijo de circuitos de lógica matemática. 

La serie juega con estilo y soltura con tropos familiares para los amantes de la ciencia ficción y del western; además, cuenta con un reparto estupendo que ya le ha cogido el tono a sus personajes. Desde el piloto, el viaje emocional de todos ellos ha estado bien construido siendo coherente con sus personalidades subyacentes y con las relaciones que han entablado con el resto de sus compañeros de aventura. Una vez descubiertas sus identidades pasadas, cada uno de ellos empezó a construir su nuevo yo, sabiendo que ciertos actos les perseguirían siempre. El cambio operado en los tripulantes de la Raza es evidente; aunque en principio todos ellos representan un arquetipo reconocible han acabado siendo algo mucho más complejo e interesante que el típico matón amante de las armas o la joven con habilidades tecnológicas. 

La apuesta de Syfy por regresar al espacio, lugar abandonado por la cadena desde los finales de Stargate Universe y Battlestar Galactica, ha dado como resultado una de las series más entretenidas de la época estival. La segunda temporada acaba de finalizar con un capítulo de infarto (menos mal que la tercera entrega está asegurada) que confirma que las buenas sensaciones que ha dejado la serie a lo largo de sus 26 capítulos no han sido un espejismo. Dark Matter ha apuntalado sus puntos fuertes convirtiéndose en una propuesta muy a tener en cuenta, es entretenida, vibrante, divertida y emocionante. 

La temporada de la Androide

De cara a la tercera temporada espero que den un poco de cancha a ciertas tramas que se han quedado en stand by debido al gran número de frentes abiertos este año. ¿Quién asesinó a Uno y a su esposa? ¿Qué pasa con el pasado de Cinco? ¿Quién vino del otro universo? ¿Qué pasa con los creadores de Dos?

La temporada comenzó con fuerza, con una evasión carcelaria y la incorporación de nuevas caras entre la tripulación. Uno de los cambios mejor trabajados ha sido el de Cuatro. A lo largo de la temporada hemos visto como intentaba equilibrar su lealtad hacia la Raza con su sentido de la responsabilidad para con Zairon. Finalmente, decidió rescatar los recuerdos de Ryo y reclamar su imperio. Su transformación es evidente pero se siente un tanto precipitada, me hubiese gustado ver un poco más la corte del Emperador para ver cómo se amolda al cargo y a sus recuperados recuerdos. 

La incorporación de Nyx a la tripulación me pareció un acierto aunque su trama, con esa comunidad de personas clarividentes, podría haber sido mucho más interesante. Creo que ahí los creadores desaprovecharon una historia de largo recorrido que podría ser de lo más jugosa. Nyx se ganó su puesto en la Raza y la confianza de Dos, quien la dejó al cargo de la nave en el último capítulo. Sin embargo, está por ver si Nyx sobrevivirá al ataque de Misaki y si podremos contar con su presencia en la tercera temporada. Personalmente, me gustaría verla en la nave más tiempo pero la cara de la Androide presagia el peor desenlace para el personaje. 

La trama más interesante de este año recayó en la Androide y su evolución emocional. La escena final, con la Androide arrodillada junto a Nyx me pareció muy triste. La historia de la Androide ha sido una grata sorpresa dentro de una temporada casi perfecta. Los guionistas parecen tener muy claro hacia donde quieren empujar al personaje y Zoie Palmer está más que perfecta en el papel. El capítulo en el que se infiltra en la estación espacial intentando ser detenida es uno de los más divertidos de la serie y sus escenas haciéndose pasar por humana muy simpáticas. La Androide, que tiene una conexión muy especial tanto con Dos como Cinco, empieza a manejarse con las emociones, a sentir miedo, duda y preocupación. Sus sentimientos hacia los tripulantes de la Raza son genuinos, por eso resulta tan conmovedor verla en los compases finales del capítulo intentando contactar con ellos y descubriendo a Nyx en el suelo. 

El universo de Dark Matter sigue creciendo, la inminente guerra entre corporaciones (esta trama me recuerda a Continuum) y la traición del emperador de Zairon crean un escenario poco favorable para nuestros héroes pero de lo más estimulante. ¿Estará Cuatro destinado a convertirse en el gran villano de la historia? ¿Qué ha pasado con los demás miembros de la tripulación? ¿Cuáles son las intenciones de Truffault? ¿Qué será de Nyx? ¿Podrá la Androide solucionar la difícil situación?.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

El peor año de Tig

One Mississippi, la serie semiautobiográfica de Tig Notaro que coescribe junto a Diablo Cody, es un viaje emocional a través de la enfermedad, la muerte, el duelo y las relaciones familiares que nadie debería perderse.

Tig (interpretada por Notaro) es una locutora de radio de Los Ángeles que regresa al hogar familiar cuando su madre muere. Tig acaba de pasar por una doble mastectomía, tiene una enfermedad intestinal grave y una relación poco sólida con su padrastro. Frágil, enferma, agotada por los tratamientos médicos y abrumada por la pérdida de su madre, vuelve al viejo Mississippi sin saber que ese viaje cambiará su vida. La serie, compuesta por seis capítulos de poco más de veinte minutos, es adictiva. No obstante, no es una serie para ver en cualquier momento, a nivel emocional te deja bastante tocada aunque logre arrancarte una sonrisa cada dos minutos.

Estamos ante una serie, no me atrevo a definirla como una comedia, muy personal que fluye a través del mordaz humor de Tig y de su relación con aquellos que la rodean. El viaje emocional de la protagonista va desde la tristeza y la negación hasta la aceptación y el optimismo; por el camino tropezará con la dulzura, el miedo, el odio, la rabia, la lástima y el deseo. Y aunque todo esto pueda sonar duro y árido, las tres responsables del resultado final (Notaro, Cody y la directora Nicole Holofcener) logran relajar la tensión dramática -a la vez que ahondan en las emociones de los personajes- a través de secuencias oníricas y surrealistas, una banda sonora estupenda y silenciosas escenas que gritan al espectador usando una aséptica puesta en escena. 

Notaro se asigna el papel principal de un drama con tintes cómicos basado en la peor época de su vida. En 2012, esta cómica estadounidense sufrió un grave problema digestivo, perdió a su madre, terminó con su pareja y le diagnosticaron cáncer de mama por lo que tuvo que someterse a una doble mastectomía. Alrededor de un personaje físicamente débil pero mentalmente ágil y sarcástico se articula la historia de una familia con muchos esqueletos en el armario. Aunque Notaro no es actriz y, a veces, sus limitaciones interpretativas pueden resultar un tanto irritantes, se descubre como una observadora y narradora capaz. Una voz firme en un momento en el que las series semiautobiográficas y las visiones de creadores muy personales (muchos de ellos cómicos) se amoldan con gusto al modelo de plataformas como Amazon o Netflix.

Completan el reparto de One Mississippi, Noah Harpster como Remy, el hermano de Tig; y John Rothman en la piel de Bill, su padrastro. La madre fallecida aparece de cuando en cuando con el rostro de Rya Kihlstedt. Remy es un profesor de instituto, regordete y bonachón, que vive en el ático de la casa familiar, un ático que lleva años reformando y que es un claro reflejo de su personalidad a medio desarrollar. Remy sigue anclado en su adolescencia, incapaz de madurar y de tomar decisiones adultas que supongan un cambio del statu quo. Bill, por su parte, es un hombre sin apenas habilidades sociales; es franco, ordenado, puntilloso y parece más preocupado por su gato que por el reciente fallecimiento de su mujer. Sin embargo, tengo que deciros que Bill es el auténtico descubrimiento de la serie, un personaje trágico y noble que sufre en silencio la pérdida de la única persona que le entendía y que le servía de nexo con el resto del mundo.

One Mississippi es un viaje hacia el autodescubrimiento y la aceptación lleno de tragedia y comedia, como la vida misma. Y aunque la enfermedad de Tig planea sobre todo el metraje, en realidad creo que la serie es una bellísima oda a la madre fallecida y a la familia.

La serie, construida a base de recuerdos –no todos buenos– tiene una densidad por la que el guión a cuatro manos de Notaro y Cody navega con soltura e instinto. Saben cuando es necesario aligerar la carga emocional con un toque surrealista o cómico para que el dolor no sea demasiado intenso. Me sorprende que una guionista tan propensa al exceso y a los giros repentinos como Cody, solo hace falta revisionar United States of Tara para ver su gusto por lo inesperado, se amolde al estilo contemplativo y pausado de Notaro. La fusión de sus personalidades creativas da como resultado una serie que se siente auténtica y sincera, algo difícil de lograr y que pocas series (Louie seria un ejemplo) consiguen.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Un lobo llamado Chris

SPOILERS DE LA 2ª TEMPORADA DE FEAR THE WALKING DEAD.
SI NO HAS VISTO EL 2X10 NO SIGAS.

Chris : I’m good at this
Travis: That’s what worries me.

Fear The Walking Dead ha regresado para mostrarnos la disgregación por todo México del grupo original y el viaje, sin retorno, de Chris hacia el lado oscuro. El primer capítulo se centraba, de manera acertada, en las vicisitudes de Nick para sobrevivir por su cuenta. El segundo, seguía al grupo conformado por Madison, Strand, Ofelia y Alicia hasta un hotel donde las cosas pronto se ponían feas. El tercero seguía los pasos de Travis y Chris aunque también adjudicaba minutos al hotel plagado de zombies donde Alicia (Alycia Debnam-Carey) empieza a dar muestras de una rápida adaptación e instinto de supervivencia. 

En una entrevista para IGN, Alycia Debnam-Carey hablaba de la “metamorfosis” que va a sufrir su personaje ya que por primera vez va a tener que valerse por sí misma sin el apoyo del grupo. Con todos separados y actuando de manera independiente, Alicia puede pensar en sí misma, hacia dónde va y qué tipo de superviviente va a ser. La división del grupo permite profundizar más en los personajes y en el tipo de persona en la que se van a convertir a raíz del apocalipsis zombie. The Walking Dead ya usó esta táctica con resultado irregular pero permitiendo que Daryl, Carol o Beth brillasen en solitario e interactuasen con otros miembros del grupo con los que sólo cruzaban dos palabras por capítulo. 

En Fear The Walking Dead, a la hora de hablar de evolución y cambio, son Nick y Chris los dos personajes que más han evolucionado desde el inicio de la serie. Chris, personaje que se ha ganado el odio del público a pulso, pasó de vivir con su madre y de ignorar a su padre a encerrarse en sí mismo y desarrollar un odio visceral hacia sus compañeros de viaje. Perder a su madre no ayudó a dulcificar su carácter, desde entonces disfruta de este nuevo mundo donde matar (caminantes o personas) es una forma de dar rienda suelta a sus instintos más bajos. Si Nick se relaciona con este mundo y los caminantes como si fuesen una droga, alimentando así su personalidad adictiva; Chris lo hace desde la perspectiva de un depredador, él es un lobo que hará lo que le plazca a quien le plazca ante la atónita mirada de un Travis cada vez más consciente de que le ha perdido. 

En este sentido, el asesinato a sangre fría del granjero en décimo capítulo de la segunda temporada hace que Travis abra los ojos a la realidad. Chris es incontrolable, Chris disfruta matando y la situación actual le proporciona el marco adecuado para satisfacer ese instinto. Chris no puede ser salvado y tampoco quiere serlo. Travis, por lógica, tiene entre manos un dilema harto complicado: matar a Chris, su hijo, o esperar a que Chris lo mate a él cuando se aburra de seguirle por México. Otra opción es que Chris muera a manos de un caminante pero dudo que la serie tire por un camino tan fácil. 

En este punto, la relación entre Travis y Chris va hacia un lugar muy oscuro y es evidente que la idea del padre de recuperar a su hijo se ha esfumado. Durante la segunda temporada, Travis ha hecho lo posible por mejorar su relación con Chris y por traerlo de vuelta al redil, pero puede que su hijo esté destinado a ser uno de los malos de la historia. Y dicho a esto, ¿qué es lo que motiva a Chris?. Es evidente que dentro del contexto de la serie es un personaje que ha perdido su humanidad y que mata por diversión, por rutina, porque puede pero ¿qué le ha llevado a este punto? Chris ha pasado de ser un adolescente odioso a un asesino a sangre fría en pocas semanas, ¿había señales de alerta que nadie vio?, ¿por qué elige ese camino y no otro?, ¿justifica su situación personal previa el que se haya convertido en un monstruo?. Todo lo referente al camino que ha elegido Chris me parece precipitado y mal explorado. No se entiende por qué el chaval actúa de esa manera. Los seguidores del género ya sabemos que cuando la civilización se desmorona algunas personas lo toman como una señal para mostrar su peor cara, para celebrar el fin de la normas y del control, se desprenden de su piel de cordero y muestran al lobo que llevan dentro. Ese personaje siempre está presente pero si Chris va a ser ese personaje agradecería una explicación más plausible que el manido “estaba enfadado con su padre”, “su madre murió” y “se sentía desplazado por culpa de la familia de Madison”. 

Por cierto, ¿alguien ha echado de menos a Ofelia?

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